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Escribir, sueños, solidaridad banal, no sacar nada, quisiera haber podido, poemitas, ranas, misiles.

septiembre 27, 2011
  1. Escribir debe ser algo palante, sin dejar espacio para que la carrera se agote. Aunque no sé ponerlo en práctica lo lanzo. No se logran siempre las mismas posibilidades. Escribir es escribir. Igual debe comenzarse por lo que sea. Pura sentenciosidad. Da lo mismo aunque pongo que se qué es sentenciosidad, en este punto, porque nada haré sabiendo lo sentencioso que pueda ser. Da lo mismo cualquier determinación que salga sobre el mismo ejercicio. Dentro del mismo ejercicio. ¿Eso es escribir?
  2. Hay que concentrarse entonces en salir de esto: poner otras cosas que no sean de la misma calidad de cosas que nos hemos habituado a escribir. Poesía quizá. Lo que sucede es que parece que no soy tan hábil con la prosa como lo puedo ser con la poesía. Anoche mismo estaba tratando de escribir un poema, o mejor, me corrijo, no era que estuviera tratando de escribir poema, era que estaba como dándome cuenta de que en ese momento justo tenía a la mano los ingredientes que necesitaba para escribirlo. Estaba así despertándome y estaba dándome cuenta de que había dormido lo suficiente o algo así. Digo lo suficiente; uno en realidad nunca alcanza a determinar con exactitud cuál es la longitud ideal del sueño, uno no lo sabe, solo sabe que puede seguir durmiendo razonablemente si se acuesta desde las once de la noche hasta las doce del medio día, uno no sabe nada de la mecánica del sueño. Lo que pasaba era que estaba despierto extrañamente como a las cuatro o cinco de la mañana, debe ser entre todo, la certeza de que será un día libre a la mañana siguiente y por eso ya no te importa tanto dormir, y a la contingencia como que no le conviene gastar sus energías haciéndote meter la pata el día de la semana en que igual no importa si la metes. Bueno entonces estaba ahí medio dormido o despierto. Había soñado con C. Soñé, que tenía algo así como un romance con C, aunque al final no era un romance sino que soñaba que estaba viviendo una serie de circunstancias con ella o con ella en el fondo que podría desencadenar un romance y se sentía la inminencia de esa emocionalidad. En eso fui despertando y pensando en ella ya objetivamente y no desde el sueño, me llegaron a la vez recuerdos inútiles de mi infancia asociados a la madrugada. Recuerdo particularmente una canción de mierda popera y muy a la venezolana a la que no me voy a referir directamente pero era de por ahí de principios de los noventa, y la canción hablaba de la madrugada y no sé porqué, en aquella época, (y esta es ya la descripción del recuerdo en sí) también una vez me desperté en la madrugada vestido con un piyama amarillo que siempre usaba, tendría algo así como siete años u ocho. Vivíamos en aquella casa que tenía un patio inmenso que era casi un campo, porque estaba sembrado de todo tipo de guevonadas tenía un súper conuco espantosamente grande como para que se autosustentara una familia y muchos lugares hermosos. Me voy por las ramas, pero la casa tenía en ese conuco dos cosas particulares: un árbol tan viejo que estaba a punto de morir de vejez, con unas raíces todas retorcidas en donde crecían toda clase de hongos, estaba rodeado de árboles más altos que él, o no recuerdo si se trataba más bien de su propio follaje pero la zona era casi oscura en pleno día. Además de que era un niño y cualquier guevonada se me quedaba grabada me ocurrió allí una vez un episodio: me atacaron unas avispas que vivían en el árbol y desde ahí se pusieron a incendiarlo para matar las avispas, que vivían en un agujero del tronco y a partir de ahí el pobre árbol se termino de morir. Eso estaba cerca de la casa, ese árbol y el otro lugar interesante era un corral de chivos (era grande el conuco como puede verse) el asunto viene en que la cosa del recuerdo gafo sobre mi infancia y el resabio de emocionalidad mentirosa por C del sueño y todo se me antojaron como los ingredientes de un posible poema. Pero igual no lo escribí porque seguí durmiendo.
  3. Por alguna pendeja razón me creo que debo dejar testimonio diariamente para algo en esta tontería. O mejor en los momentos en que creo que debo o en los que puedo. La cosa es que ya iba aponer algo pero por estar dando vueltas para comenzar no me acuerdo ya de qué era. ¿Se comienza algo así? Lo dudo cada vez más. Me siento acá con un jazz, al parecer chick corea, metheney, músicos más o menos modernos funcionan mejor. Pero supongo que el motor de toda esta historia es el café. Mi mamá me regaló una cafetera pequeñita así que ahora a cierta hora del día me hago la pequeña cafetera llena, quito prestado la taza de Luisana, que no debería estar usando porque si se me llega a caer no sé que será de mí, y quedo en un estado de excitación leve con el café. Tal vez sea eso lo que me permite concentrarme, o no concentrarme propiamente, sino más bien desahogar toda esa excitación leve en algo. Y ese algo, pues es sentarse en la computadora a terminar yo no sé qué. Es engañosa esta excitación del café, porque uno piensa al principio que puede llegar a servir para algo más importante como terminar de acomodar el cuarto lavar la ropa etc., pero no, no hay voluntad de eso y uno se queda con las cosas en la mano, con la ropa en la mano pensando en qué era lo que tenía que hacer para comenzar.
  4. La tía de Luisana se llevo el perro. Lo metió en la cosa esa que era como una cesta que usaban para transportarlo y se lo llevo. No soportó ver como el perro cagaba todo. A mí me pareció bien aunque me dio cierta compasión con Luisana que ya hasta le había subido al perro una foto en el facebook.
  5. Llego y creo que me parece raro, estar acá escribiendo un lunes porque al parecer uno no puede los días de semana. Digo, el tiempo que tenemos libre es sólo el de los fines de semana. Aunque no es tan cierto. Debería estar en casa más temprano si salgo del maldito curso a las tres y media y demoro más o menos dos horas en llegar hasta acá, debería estar más temprano y así aprovechar mejor mi tiempo, debería. Ahora mismo debería lavar. Dudo que me quede ropa limpia para ponerme mañana pero igual abandoné la idea, porque no hay agua aunque igual debería porque hay agua recogida y en fin, uno se da demasiadas concesiones. Y en fin, bueno, era eso, que por lo menos estoy acá escribiendo. Eso. Que por lo menos no estoy haciendo alguna cosa como perdiendo mi tiempo con estos juegos miserables y las otras cosas. Eso.
  6. Y hoy estoy retrasado para irme a dormir.

27/08/11

  1. Unos SMS’s de mi hermana: “están bien, mami viendo si se va el lunes, Edu va  salir con María y miguel a comprar los útiles escolares, más tarde voy a las trinitarias a hacer cola para cuando llegue Jorge que va a ponerle línea al teléfono y a ponerle plan. Y mientras bordo unos pañitos que vamos a regalarles a los vecinos y después vamos a batir una torta. Nico con su tratamiento de los dientes y pasando el despecho por que se llevaron a la perrita que trajeron para que montara. De resto todo bien”. Sábado y la superstición privada de que siempre los sábados me va bien. Bien a mi modo. Nada de desenvoltura ni diversión sino encierro en mi, privacidad y si acaso algún accidente espiritual afortunado.

A GRAN VELOCIDAD, HACIENDO NADA

Permanezco aquí sentado mientras pasan las cosas volando.
(A nadie le interesa que pasen las cosas volando, al parecer)
Y mientras, me voy imaginando que es que voy a la velocidad del pensamiento, a la velocidad de ninguna cosa
Así también igual como si nada me interesara
Mientras los platos sucios se amontonan en el fregadero y dan pequeños gritos de ahogados
Mientras que en mi cuarto y alrededor por otras zonas la ropa sucia amontonada
También da sollozos
Y mientras la ropa limpia botada porque da pereza doblarla mira hacia el cielo
Si no es lo mismo es la gran imaginación a la hora de echar carnes a cocinar
Condimentarlos con lo que sea freír granjeros
Echar sal y luego la carrera mientras se almuerza tal vez inefectivamente tal vez
Demasiado y mal balanceado y una sola vez al dia
¿Qué es esto que se amontona y que no ve luz de mi mismo?
Es este el puesto de carreras galopante de alguna súper sincronía, movimiento perpetuo y parado frenado
Monoplaza de la inutilidad, mientras sudo y me resquebrajo y barajo funciones inespecíficas
En la gran carretera de la nada, el gran sacrificio de ninguna cosa
El maratón del no llegar, y del no ser participante
Y siempre la batalla reñida, eternamente, la victoria el primer lugar qué sería, zafarse?
Encontrar un punto nulo en donde ya no se tenga que representar el tránsito?
Sueño que los ciclistas del mundo tienen televisores pegados en las bicicletas
Sueño que mientras suben las montañas de Francia o Italia o donde sea, da lo mismo
Van viendo a unos individuos sedentarios algunos con cosas de comer espaldas adoloridas tazas de café cervezas
Y a partir de ahí van estimando que deben o que no deben hacer para poder ganar sus carreras.

EL AGUA QUE CORRE ENTRE LOS MISILES (sábado tres de septiembre del 2011)

El agua que corre entre los misiles
Mientras estos atraviesan cielos de tormentas
Mientras nosotros no sabemos nada de matemáticas
Es suficiente en todo caso para acabar las sedes y los manejos solitarios.
Cualquier calor se aplacaría con esa agua.
  1. Otra noche horrenda con el calor y la soledad de Juan Carlos Rodríguez. No hay peor compañía posible. Pienso (pensé en estos días) que lo único posible que me calma para no caer en mis crisis de tricoticomanía y café, era un jazz suave, así, moderno y poco específico. Pero me engaño a mí mismo. Lo de la tricoticomanía igual ya no sé cómo controlarlo, que sea, igual, falta mucha tricoticomanía para morir por ella. Me puse a decirles a todos que sufría de eso. “estrés psicosocial” me alcanzó a decir uno que no recuerdo quien era. Yo sé a qué se refiere, se refiere a la desesperación de no saber qué coño hacer con la vida, de ver que no se está yendo para ninguna parte con nada y que no se viene de ningún lado específico tampoco, Súbitamente a lo que avanzaba la tarde me empecé a sentir a lo travis de taxi driver y empecé a decirme a mí mismo que no importaba nada un carajo, que si iba a morir de hernias, vengase. Que si iba a morir de hambre este fin de semana, adelante, como si fuese por entero capaz de soportar eso de varios días sin comer. No es necesario de todas maneras quedarse mucho sin comer, no es que no tenga qué comer. Es falso, si tengo dinero para comprar la comida y como dice mi hermana; tengo una familia que me apoya y no más es pedirles algo y ellos me depositan (si, como si fuese así de simple) la cosa es que lo digo es pensando en ese mañana pseudo apocalíptico que nos vaticinan los documentales imbéciles sobre la cultura de consumo: no habrá agua ni comida, habrán más guerras habrán dinosaurios-cyborg devorando a los que irrespeten el toque de queda. Y a la gente no le quedará, por supuesto, de otra más que quedarse arropados dentro de sus casas viendo la televisión y tomándose un café humeante. Kilómetros bajo tierra. En el mismo tren en el que venía sintiéndome con ganas de iniciar una desgracia de algún tipo, venía un muchacha que era, al menos físicamente, como la mujer de mis sueños; hermosa (no me pondré a describir en el Word como es la mujer de mis sueños, no caeré tan bajo) basta con decir eso, que era hermosa, como supongo que es la mujer de los sueños de todos. Pero más que todo, si, aunque suene patético, es lo que tenemos, más que todo porque es parecida a ella, la otra ella que considero es la única mujer que amé. Del otro lado de la chica esta venía algo así como su marido y entre ellos el hijo de ambos. Yo trato de animarme a terminar de leer esta guevonada de las novelas ejemplares de cervantes, pero ellos son demasiado obvios, no por andar pensando viciosamente en estas cosas es que aparto el libro y me pongo a mirarlos, sino porque más bien es casi imposible hacer otra cosa. Están frente a mí, es más cómodo para mi apoyar la mano en el posamanos que sale del espaldar del asiento de ella, que sostener el libro así parado como iba. Y como no puedo dormirme y cerrar los ojos parado, los dejo abiertos, y como se me cansa el cuello si lo doblo pa otro lado quedo viéndolos, etcétera. Ellos sostienen una conversación banal y pública, como si fueren actores en una puesta en escena, con un misterioso tono de voz que acapara la atención. Creo que los odio pero ahora mismo, en este momento cuando estoy escribiendo eso, es que vengo a caer en cuenta que a pesar de que los odio, los pobres no se merecen mi odio de sociópata. Ya deben tener demasiado con ese muchacho que tienen, ya deben tener demasiado teniendo que soportarse mutuamente, con sus crisis de pareja joven y pobre y excluida. Pero tampoco siento solidaridad. ¿Podría hacerles daño acaso? ¿Matarlos, humillarlos por ofenderme y desencadenarme malestares e iras tontas? ¿O podría en vez de eso pararme allí y decirles algo alentador, darles un consejo, o si fuese rico, por ejemplo, ¿podría darles cien millones para que resolvieran sus vidas como si fuese un filántropo? No. Porque a pesar de lo que uno sienta en un determinado momento hacia algo alguien o alguna situación de calle, (a menos que sea para cuestiones políticas) se nos enseña que está mal desde todo punto de vista exteriorizarlo. O mejor, en lugar de reprimir, a uno le enseñan más bien que no es correcto sentir nada por nadie y ante nadie que sea desconocido. Es algo indebido. Trastorna la paz de las situaciones de calle, la gente imagina siempre una sequedad y una incomunicación de paz. Palomas blancas, de plumas delicadas que el viento mueve bajo una noche de una gran luna o no sé lo que digo.
  2. Como no hay nada más referible que los temas de siempre y la estoy cagando con el texto, lo dejo hasta aquí.
  3. A veces siento que tengo muy buenas ideas. Ideas que podrían justificar todo esto. Pero solo a veces, hace unos minutos sentí eso, y decidí escribirlo aquí porque a lo mejor se me olvida; aclaro, no estoy anotando la idea, estoy anotado la sensación que tuve de tener buenas ideas. Si mal no recordé durante el instante que tuve la sensación, he estado en esa otras veces, con seguridad, pero había pasado, pero soy demasiado bruto parece y no es para mí el instante de genialidad, no sé como atraparlo, no sé cómo hacer que duren sus condiciones. Ahora mismo pienso en ello. ¿De qué se trataba? De algo así como el camino ahora por fin visto claramente, el camino por el que hay que ir para escribir algo. Era una intuición sin duda. Esperaremos toda la vida, sin duda, para ver si es que eso puede repetirse. Esperaremos perezosamente y echadamente en una cama a ver si se da dentro de uno eso que puede justificar algo. Porque se cree que debe ser justificada una vida en la que no se ha hecho más nada que echarse en una cama.
  4. Y eso de andar detrás jalándole bolas a los instantes para que entreguen los premios con que vienen rellenados en el centro no tiene fin. Creo que estuve gran parte de mi juventud matándome la voluntad para levantarme de la cama en medio de la noche o cuando ya me empezaba a dormir, luego de esos terribles días de cansancio en donde se hacía de todo, o donde no recuerdo qué era lo que se hacía pero sé que era pesado, cuando el cuerpo ya no daba más y quería rendirse a dormir y venían esas frases complicadas del la semiconciencia que yo siempre decidía anotar, a veces no alcanzaba a anotarlas, a veces las anotaba y podía estar así por mucho tiempo, creyendo que ya me había deshecho de esa circunstancia, pero resultaba que salía otra que también valía la pena y había que volver a anotarla. Pasan por televisión unas estadísticas alarmistas sobre el tiempo que pasamos echados en cama, viento la tele, sentados en la computadora, bañándonos fumando perdiendo el tiempo, y yo pienso que debería incluirse en esos cálculos el chorro de tiempo que uno ha perdido haciendo toda esta clase de tonterías espirituales, escribiendo en la computadora, haciendo poemitas, constatándose uno mismo viciosamente y sintiéndose bonito y esas cosas que al final terminan considerándose rechazables, cuando se les ve desde esta óptica en donde se notan más como proliferación que como acciones positivas. Si hay algo de lo que no me arrepentiré es de las caminatas. Supongo que porque esa actividad conlleva el hecho de hacer un ejercicio físico. Sobre todo de las caminatas tenidas en esas tardes de los días de semana, pero sobre todo los fines de semana, cuando no hay el ritmo habitual de personas por las calles y a quién se le ocurre caminar se todo está cerrado. Un ejemplo de ello son mis caminatas por Barquisimeto. Por alguna razón, recuerdo particularmente los domingos en donde le decía a mi mamá que iba a salir. Lo que no sabía mamá era que yo no iba a ninguna parte. Iba a salir a deambular. Tal vez la cosa era más bien al contrario, no buscaba más que sentirme más solo de lo ya sentido, y estando con mi familia en mi casa no lograba sentirme así. Supongo que en esa sensación de soledad que buscaba era que estaba el queso de la tostada soledad; que algo iba a sacar de ella de alguna forma. Algo útil y definitivo, supongo que siempre me atrajo la idea de vivir solo, tal vez para poder tener domingos por la tarde como estos (ahora mismo por ejemplo). La cosa era que no iba a ninguna parte esos días. Simplemente me iba a caminar por las calles del centro que sabía solas, despiadadamente solas porque me gustaba pasearme por allí, antes cuando viví en el pueblo era aún más frecuente eso de salir los domingos por la tarde, pero allá era más agradable y no había esa crueldad de caminar por una zona céntrica abandonada, en donde ni siquiera un banco de plaza o un jardín de parque estaba disponible. En el pueblo le ponía el arnés al perro, teníamos un perro mestizo que se parecía mucho a esos perros pastores pequeños, se llamaba duque, le ponía la correa y lo sacaba a pasear y aunque todo estaba igual de solo, la plaza principal del pueblo, llena de árboles altos, de mucha vegetación, de edificios coloniales inmensos y espacios amplios bastante románticos a decir verdad, esta plaza estaba por lo general llena de criaturas iguales a mí. Adolescentes solitarios que se iban a sentar en los bancos de las plazas, solía conocer gente ahí, es decir, me encontraba con nada menos que con una inesperada interacción social. Una vez conocí a unas muchachas que iban en bicicleta siempre y nos llegamos a hacer amigos y a esperarnos todos los domingos en esos lugares. Y creo que hasta llegamos a hablarnos de cosas intimas e idiotas de adolescencia. Pero mis amistades no prosperaban con nadie. No sé por qué. Igual en Barquisimeto tenía amigos claro y los iba a visitar a veces esos domingos, pero la mayoría de las veces solo buscaba un alguien mejor con quien pasar. Una especie de novia-amiga multipropósito y fértil. Me distraía en el camino a sus casas a veces. Nunca me asustó el calor, debí temerle y también debí temerle al cáncer de piel, porque había ocasiones en que estaba como loco y me solía ir inmediatamente después del almuerzo cuando a esa hora en Barquisimeto había una especie de toque de queda por el sol tan fuerte. En fin, siempre he huido, como si no tuviera donde vivir, pero tampoco yendo hacia un refugio específico. Huyendo sin huir. Una vez caminé, cuando vivíamos por el club ítalo, toda la avenida Venezuela hasta llegar al obelisco y luego me devolví por el centro hasta llegar a los leones y de ahí nuevamente hasta mi casa. Cualquiera que conozca de distancias en Barquisimeto sabe cuánto es eso. Estaba despechado en realidad porque se me deshizo una posible relación con una chama que parecía iba a ser una relación sumamente intensa. Y ahora que escribí eso, y creo que es porque nunca lo había escrito antes y nadie lo sabe, siento que llegué al propósito del texto. A eso termina resumiéndose la poca creatividad de la cuestión, a una necedad exterior y eso solo, a no sacar en limpio nada y a concluir que no hay nada que concluir.
  5. El padre de K.D. el señor G.D. ha muerto. Hace dos años. Y también, pero mucho menos negativo; he vuelto a hablar con k. Hacía mucho que no hablaba con ella. Hacía mucho que alguien no me transmitía un dolor tan verdadero, y tenía mucho tiempo sin que algo me importara tanto como esta muchacha y su duelo. K es de los pocos que me quedan de los que podré asirme cuando se acabe el mundo. De los de verdad, de esas amistades hechas en la época movediza llena de crisis, de terremotos interiores, es una amistad cimentada con esas lavas. Está viviendo en Maturín. Intercambiamos números de teléfonos. Era justo lo que necesitaba, esta posibilidad de comunicarme con alguien que sé que me quiere, y a quien quiero (así como debe ser, sin esperar nada a cambio y por el bien general) porque hasta hace unos días tenía la sensación de que me estaba volviendo loco.
  6. A K. la conocí cuando era una niña de diez años. El señor G. me la dejaba en el trabajo cuando no tenía más donde dejarla y yo la cuidaba y la entretenía. Era una gordita de un metro cuarenta más o menos, con el pelo negro y corto y unos ojos verdes como matas. Me parecía la niña más simpática que había conocido. Sé que ya llegaran mis buenos momentos con mis sobrinos (además mis sobrinos no habían nacido cuando la conocí) pero k fue el primer niño por el que he sentido verdadero amor, amor de padre amor de hermano amor del que sea. Era la niña más inteligente del mundo, yo sentía que hablaba con cualquier adulto. Y creo que la raíz de todo este enamoramiento y toda esta sensiblonería, es que ella me necesitaba. Salía corriendo cuando llegaba, a abrazarme como en las películas mientras yo no entendía por qué carajo aquello me conmovía como nada me había conmovido nunca. K fue la niña más sensible que he conocido en mi vida, capaz de darse cuenta de cosas de las que los otros niños estaban apartados por entero. era mi molde platónico de una infancia. Cuando ella me preguntaba cosas que (gracias al cielo) podía responder satisfactoriamente, mi vida como adulto tenía todo el sentido del mundo. Ahora ha vuelto a mi vida y yo ando tratando de inventarme una nueva relación. Ahora es una joven increíblemente increíblemente increíblemente bella como pocas y la gordita quedo muy atrás. Y yo ya no tengo dieciocho, me estoy quedando calvo y me salen arrugas y sobrepeso. El tiempo de mierda, implacable.
  7. Sueño que a mi hermana Emi le cae una roca en la cabeza en un derrumbe, eso hace que se le caigan también unos miembros falsos, tres en total, y quedo abrazando-cargando a una hermana inconsciente que no tiene piernas y no llega hasta el suelo y tiene solo el brazo izquierdo. Me despierto pensando en la fragilidad de uno, en la de todos y también, por alguna razón, me despierto determinado a invitar a salir a S.
  8. Pero justo antes de eso, acabo de recordar, había soñado también esto: que tenía súper poderes; súper fuerza y súper velocidad, y que en vez de hacer como los superhéroes tradicionales que se ponían un uniforme y una identidad secreta, yo me quedaba así mismo sin cambiar nada y solamente me hacía llamar “la rana”. Iba entonces por una especie de hipódromo en miniatura, con unas barandas a los lados y me encontraba con una especie de malandros místicos (de estos que se visten de blanco y pertenecen a un religión que debería conocer mucho mejor) que sin muchos miramientos comienzan a malandrearme, es decir, a cortarme el paso diciéndome “la rana espera, mira la rana párate ahí la rana vamos a hablar la rana” Yo reacciono usando mis súper poderes para colocarme hábilmente siempre detrás de él o de ellos y al final cuando me canso de jugar, los golpeo hasta dejarlos tirados muertos o algo. Luego continúo mi camino hasta que alguien más adelante me dice que estos tipos me estaban buscando para que los ayudara a salvar su pueblo que estaba en peligro y yo quedo con la certidumbre de que la cagué absolutamente.
  9. No preparé nada para mi discurso en la asamblea general de la ONU, fui decidido a improvisar, pero empecé a contradecirme a mí mismo durante mi discurso, en asuntos fundamentales de mi propia política interior. Como soy la representación y la voluntad de mi propio territorio, me declaré la guerra a mí mismo, es decir, declaré ante todos que había decidido iniciar una guerra civil en mi país, y exigí que ninguna potencia extranjera interviniera porque si no tendrían que vérselas después con una vergüenza histórica de la que no tenían conciencia. Telefoneé a mis secretarios de defensa, tenían que movilizar los batallones contra la población civil. Telefoneé a la defensa civil para que se alertara, telefoneé a todos para que estuvieran alertas, todos me juraron lealtad patriótica irrestrictibilísma. Fue la mejor decisión. Que se sepa ahora que la democracia en mi país se resquebrajó sólo dentro de mi mismo. (de Presidente Juan, otra parte)
  10. Soñé que íbamos algunos del pasillo, de todos los que trabajamos en él, es decir gente que me da lo mismo y que nunca me he importado, juntos a una especie de embajada-campamento del gobierno chino que era inmenso, así como si se estuviese entrando a una mini ciudad, y que habíamos pagado una entrada para ver una recreación de la guerra de Vietnam en donde los del vietcong aplastaban a los gringos de forma vergonzosa.

Mientras pasaba el loco de la flauta que se va conmigo en el transporte que vive en el campito según creo y que debe ser nietzscheano o lo que sea, y que se cree sumamente “orientado-positivamente-hacia-un-hacer-algo-realmente-y-no-como-el-resto” (así como anda dando señales subjetivas de eso este gueon, yo debería de gritarle alguna vez que no es más un pendejo flojo de la negatividad jugando a la elegancia del preocuparse) escribo este poema y lo titulo QUISIERA HABER PODIDO:

“Quisiera haber podido (hacer mía/haber hecho mía)
Esa belleza kitsch de estrellitas
(Parecidas a las adhesivas que venden para la pared, que brillan en la oscuridad)
pero en la ropa.
Es decir
esa fabricación juvenil
apta para cuando se tiene quince sólo.
Quisiera haberla utilizado, digo
en el momento justo de mí mismo
en el que hubieron de coincidir
dentro
de mi o fuera
todas las oportunidades.”

El tema es recurrente: lo que parece ser algo muy bonito pero falso. Sentarse, constatar cómo uno está desprovisto de esa facilidad que poseen los demás de estar acompañados por una “mujer-seguridad” a primera vista directamente bella. Amistosamente sentirse referido en esa parte de uno que se defiende agarrando ese material y rebotándolo a su favor: parsimonia para consigo mismo no importa el hambre ni ningunas condiciones fisiológicas. Actualización de lo que uno debe ser. Dignidad artificial de destinarse uno mismo a soledades elevaduchas. “Cero a la izquierda bien contundente al menos” –Nos decimos- “con bastante gente por lados preguntándose un porqué”. Tristecita vuelta vanidad a fuerza de costumbre. U otra más o menos útil. Movederes del lenguaje. ¿Y todo eso hecho memoria? Aún no sabemos. Pero si siempre que se ha estado solo se ha estado pensando en esa soledad. ¿Alcanzaría –en caso de ser memoria- el lenguaje, o las ganas de que el lenguaje alcance, para todas las variantes experimentadas? Y ese, sería un registro que no terminaría nunca. Belleza innecesaria de mujer mientras yo: “des-idealización del me-dejaron”. El “Otro Sensible” que se solidarizaría. Espejearse. Pensar en cómo varía lo recién experimentado y lo recordado. Acumular vaciedad. Ganas de que todas las vaciedades sean diferentes.

“Entonces es mejor escribir cualquier cosa

Que vivir constantemente preocupándose por alcanzar el “aquí está”

Calzador del bloque con el bloque
Y
Percibiendo circunferencia
Como inútil contemplativo de acera lluviosa domingueada.”


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  1. septiembre 27, 2011 9:03 pm

    Aunque te parezca increíble , a pesar de tu pesimismo interno, para muchas personas eres una luz en su camino, alguien a quien vale la pena conocer y tratar.

    Besos.

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