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Irse

octubre 24, 2011
  • Situaciones rechazables. Todo el día. Con muchas personas cercanas involucradas. Pero se restan. Se encogen los hombros. Decirle que “si” a todo, es lo mínimo que podemos hacer por los demás. La semana pasada, el miércoles o el martes, fue prácticamente el centro de mierda de la negatividad semestral. Fue por ahí que se chocaron los trenes esos y yo andaba acá con C.V. y teníamos que abrir el negocio temprano y bueno, ese día en realidad pasaron muchas más cosas, o esos dos días y el día antes y así es durante toda la semana, y durante todas las semanas, todo hecho contingente es posible material para poner aquí pero luego veo que no vale la pena. Escribo demasiada banalidad. Tematizo. Aún así el asunto era que caminamos demasiado. Y salí muy bien en uno de los exámenes, pero al día siguiente raspé el otro, o no lo raspé sino que no pude sacar la nota que necesitaba. Ahora recoger y acomodar el cuarto o no. Y si me pongo a acomodarlo por fin se acaba el mundo de verdad. O me acabo yo mismo, por porque no corresponde nada de mí con mis actos. O acomodo el cuarto y a continuación mi cuarto se acaba, apocalipsis de una sola cosa. O mi cuarto crece en dignidad y me saca de sí, me bota pa fuera y quedo sin él, y así conmigo mismo, también yo me botaría de mí. Tiene más sentido ser botado por otro, saberse culpable ante una dignidad tal o cual muy específica, o por una complicidad muy traicionada. Si uno los barre y acomoda sus muebles para estar en paz con esa limpieza y preocupación de familia y hermanas que llaman por teléfono, se trasgrede a uno mismo. Su cuarto es imagen y semejanza de usted. El mío lo es de mí ya definitivamente, pero por otro lado, el cuerpo está bien a veces y el cuarto no, así que el cuarto es más imbécil de todas maneras. Uno va en un progreso desde el caos al orden y la perfección y toda la mierda es necesaria y concluyente parte de la construcción de un mañana seguro. Las hernias, la sociopatía y las manías son entonces la ortopedia del espíritu. Los implementos alquilados de locatel con que se construye para mañana el cuerpo sano corriendo de un súper atleta. El final del progreso, es la conclusión categorial que debe ser siempre inadecuada con su origen. La culminación: territorio hostil que nadie pisará. El bienestar en el que pensamos antes de dormirnos, un maldito que nos mantiene echando carreras como si fuéramos los seleccionados para la semifinal de nosotros mismos, y todos salimos lesionados y botados con tarjeta roja mucho antes del partido en que recogemos la copa de nuestro yo. Concluirse es eliminarse.
  • “En la capital mundial de los pájaros negros” dijo mi hermana una vez y no dejo de recordarlo. Es esa espontaneidad. “Hay veces que hay que esperar a que se hierva uno bien, porque el mundo es una olla, el aire es un agua hirviendo que nos rodea y nosotros somos lo que se está preparando dentro”. En esa ocasión Emi no estaba pensando en nada de esto y sin embargo dijo eso. Y decir eso, era definitivo pues. Era lo necesario. El tipo de cosa que se busca para proveerse uno de espiritualidad respiratoria, útil. Supongo que esto se acabará algún día, en el sentido en que se acabará la buena sensación que producen esas cosas y quedará solo el cansancio por su abundancia. Los pájaros negros y las ciudades que se quedan en el pasado, tan bien o mal vividas, con sus recovecos. Esos automercados llaneros en donde diariamente se compraba el contenido de los sandwiches que constituían nuestra dieta. La perrarina del montón de perros de los que nos responsabilizamos continuamente cuando vivimos en un sitio, las verduras. Y prácticamente mi hermana mayor es mi madre. Esa voz de ella llamándome cuando llegaba a la ciudad, los domingos en la tarde, para abrirle la puerta. A veces oigo esa voz cuando alguien llama a otra persona, cuando hablan con la misma entonación, me estremezco, aquella cotidianidad funcional, sin precarios mañanas dudosos. Ahora acaba de llover finamente, nada tormentoso, domingo por la tarde, dia y hora reglamentaria de toda evocación, y al lado del portón del edificio están saltando y volando unos tres o cuatro pájaros negros de estos. Supongo que a veces falta mi familia. Que siempre hará falta de una u otra manera.

Adoradas insignificantes
Ultrajadas por tráfago de nada
Construyo globos apocalípticos
Despiadados
A pesar de mi corta edad
Y los despido
Para que vayan a volar sus vidas
Breves de maquetas explosivas
Sobre una mesa novedosa de multitudes
Aciagas
y sobre
la desazón de setecientos almuerzos maduros
Cada hombre lleva una cuerda
Para parar
En caso de descubrirse
El atentado y la extraña musiquita.
como si fuese por culpa de una ametralladora en el plexo solar
reviso rostros
mi responsabilidad no me sirve
y entonces decido dirigirme al patio
o a cualquier otro lado donde empiece la chanza
para realizar estos ejercicios ambulantes
oscuros
que sólo le dan significado a las máquinas de descansar
túneles y túneles de culpa y de recomienzo.

  • Más memoria, esta vez a partir de que haciendo zapping caigo en antv. Un documental sobre el estado Cojedes y tienen que tocar el único tema cultural importante de ahí, Demetrio Silva. Así que sale Demetrio en entrevista desde el jardín de su casa. Reconozco cada una de esas esculturas en las piedras, esa casa tan bella. Aquél perro gris que se llamaba Pulgón o algo así aparece echado al lado de su silla labrada. Recordar. Sobretodo recordar a G. recordar la vez que fuimos a curar aquel perro, un fin de semana bastante aburrido como todos los de allá. Demetrio nos llamó diciendo que al perro lo había picado una culebra y G. y yo nos juntamos luego, la casa de G quedaba bastante alejada de la mía, se podía llegar caminando pero el sol era insoportable. Nos preocupamos por el perro por supuesto pero también estábamos algo alegres porque había salido algo que hacer y además Demetrio nos había invitado a su casa y desde ahí seguro podíamos bañarnos en el rio cercano, pasar todo el dia en ese magnífico lugar era una posibilidad que creo que sabíamos era efímera, creo que sabíamos que llevar un tipo de vida como la que llevábamos allá era algo excepcional y efímero. Lo era. No recuerdo bien cómo fue que subimos hasta Solano. Solano era un caserío cercano a la ciudad ubicado entre unas montañas. Al llegar encontramos a la señora Cándida, esposa de Demetrio. G. había llevado su equipo médico y unas dosis inyectables de antibióticos o algo por el estilo y supongo, aunque nunca le pregunté, que también una dosis de alguna cosa para matarlo por si acaso no se podía salvar. La picadura de la culebra había sido en el cuello y el perro había soportado el veneno al parecer, pero toda el área de la mordida se había inflamado y luego había estallado, de modo de que se le había caído una gran parte de la piel y quedaban expuestos los tejidos, los músculos o esas cosas y por supuesto que estaba todo infectado y tenía muchos gusanos. G lavó todo aquello con agua y jabón y el perro se dejaba hacer como si no sintiera dolor, tal vez no lo sentía. Luego le inyectó los antibióticos y otras cosas y cuando estuvo todo listo el perro se levantó y siguió como si nada. Luego nos ofrecieron comida y no recuerdo si bajamos al rio a bañarnos o qué, pero lo de siempre, disfrutamos el lugar. Es el lugar más disfrutable que he conocido. Recuerdo cuando mi hermana me hablaba de Demetrio Silva y de todas las cosas que había hecho, sus esculturas en madera y piedra y sus pinturas, y su casa que era de pos si una obra de arte, y de que era una de las personas más geniales que había conocido. Tenía razón, he conocido pocas personas tan geniales como Demetrio y su esposa. Los ancianos más juveniles que he conocido, los únicos campesinos y a su vez artistas de vanguardia que he conocido. Todo ese humanismo tan íntimamente provinciano, más que provinciano, indígena. Y lo que es mejor, pre moderno. Y pre moderno no puede ser sino bueno para mí, por lo menos estéticamente. Y eso es todo casi. La vida allí fue casi lo mismo que acá los fines de semana pero extendido a todos los días; preparar tres comidas al dia y ver mucha televisión. Mi cuñado bromeaba con la idea de que G y yo tuviéramos una relación, cosa imposible. Aunque ella no tenía nada de malo, pero la cosa no estaba para eso. A, J.L, y S. fueron los amigos más importantes allá. G era como diez años mayor que yo y había cierta diferencia generacional además.
  • Y aquí esta ciudad: Charallave. Y trae también su costumbre debajo del brazo: caminar muy de mañana, azarosamente, hasta el terminal de autobuses a esperar el de la universidad.
  • Tal vez mi tiempo aquí ya esté contado. Aunque no debería estar hablando de eso. Bueno no es que no debería… pero. Y por eso mismo ya no debe habrá más preocupación por nada, parece. Aunque me reclaman, pero es lo mismo. Ha sido un fin de semana lento. Se avanza lento en cualquier dirección. Se avanza sí, pero retrocediendo. Así parece ser mi vida. El trabajo es lento y a veces uno siente que no se hace nada específico y debe ser por eso también que se aburre uno más rápido. Me gustaría trabajar como funcionario de algo en alguna parte. Digo solo que me gustaría, para lograrlo hay que tener por lo menos un currículo decente y haberse graduado a lo menos de algo, cosa que no tengo. No hay comedor en la universidad pero no me preocupa, vengo de pasar todas las vacaciones sin comedor y acá en caracas. De manera que desde ahora me pongo como meta que sea una semana interesante. La estrategia será incrementar todo lo posible las posibilidades de entretenimiento. Ñe.
  • Prometo escribir cosas mejores la próxima vez que suba algo aquí.
  • El anonimato halla su total función en la funeraria. La muerte otorga una plena igualdad (pero una cosa es saberlo y otra asumirlo). ¿Cuál es el lugar que se le da a la muerte en nuestras vidas? ¿Y el lugar que se le dio en tiempos pasados? La muerte se ha vuelto cada vez más algo individual. Como sea, la muerte no es bienvenida.
  • Este café tiene algo. Cada vez que lo tomo me da una extraña sensación en el corazón. Como que refuerza la sístole o la diástole. Lo único bueno es que si me da de repente de un ataque al corazón quedaré muerto con esta música de Bill Evans de fondo.
  • “donde guardas/la miseria que queda en las esquinas/lo que queda detrás de las corbatas/la mezquina apariencia/donde guardas el desastre/hacia qué lugares escondes/porque todo eso tiene que quedar en algún lado”.
  • Entonces se trata de esto. Para ser y así seguir satisfecho, hay que pensar que uno no debe terminar nunca nada y que es mejor quedarse así.
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