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La dictadura los fantasmas el reflejo un apuro interno

mayo 2, 2017
    1. A veces se encuentran dirigidos a personas particulares los textos de éste blog. Quizá se pueda hacer una lista de ellos. Pero esas personas nunca entrarán a leer lo que les quiero decir. Sólo yo creo esto de que en realidad tengo algo que decirles. Solo yo creo esto de que hay algo especial en escribirlo acá. Se me ocurre que sería bueno empezar de lleno, una vez más a escribirles, y es una mala idea. Porque referirse directamente a alguien, hacer como si uno se estuviera insertando en el espacio del otro o como si se expusiera un pedazo íntimo de los demás, aparentemente es violar la individualidad ajena. Vivimos en la era de la democracia, de un espíritu que construye algo llamado libertad. Esto también quiere decir que nuestras relaciones se rigen por esos principios. Nuestras relaciones se rigen por los principios del respeto a la propiedad privada. Lo que no quiere decir que considero que debo dejar de escribir sobre mí o sobre quién quiera, porque poseo la soberanía de anular esas leyes en mi propio territorio. Y para acabar con la metáfora de relaciones interiores o exteriores, habrá que ver como se desenvuelve la diplomacia en ese sentido y después tomaremos una decisión.
    2. Ojalá existieran los fantasmas. Podría llegar al acuerdo de que me dieran un masaje de vez en cuando. No serían tan inútiles las ocasiones en que me echo de espaldas sobre la cama presa de la ansiedad, el aburrimiento o la impotencia.
    3. C. y B. vinieron a visitarme, coincidieron con mi familia. Lo primero que hago es pensar si alguno de ellos sospechará la magnitud de esta soledad. Seguro que tienen una idea de eso. Los obligo por mensajes de texto a tomar bastante tarde el camino que les trae hasta acá, luego nadie los trae y cuando salgo a buscarlos nadie puede llevarme. La camioneta de burro viejo esta espichada, el otro señor no vuelve sino hasta el otro día, y así. Me quedo preocupado toda la noche porque están al cruel descampado y no tienen donde quedarse sencillamente porque no hay donde. Pero me escriben que están bien. Aunque luego C. me explica que B. que es demasiado guapo, estuvo a punto de ser violado por una bandada de maricones rurales. No es culpa de ellos, creo que es mi culpa pero luego pienso que el camino hasta acá es salvaje de todas maneras. Llegan al medio día del día siguiente, les meto en una carpa y duermen mucho. Nos salen al encuentro las diferencias entre el ritmo de vida de la ciudad y el del campo. C. centra mi atención. Nos emborrachamos y ambos se enferman y yo también me enfermo. Mi familia y su circo itinerante también se marchan y me vuelvo a preguntar si alguno tendrá alguna idea del funcionamiento de esta soledad.
    4. Creí que odiaba los blockbusters para muchacha cursi. en vista de que huyo ante ellos o soy incapaz de permanecer frente a la pantalla mientras se desarrollan sus historias, me hieren las insustentabilidades, los obvios defectos de las tramas y la ausencia total de realismo. ahora dudo porque he adquirido el gusto de apegarme a la música de esas películas. Las adelanto y escucho las pistas también de pacotilla que ponen siempre en los créditos. A diferencia de las historias, siento que con esa música pop cursi si se puede hacer un pacto.
    5. Súbitamente estoy cansado de nuevo. Todo esto es como someterse a una metamorfosis constante en la que cada cierto tiempo, lapsos de meses, tuviera que salir de un capullo o caparazón y reinventar todo desde el principio. Reinventar las mentiras y promesas que hago para levantarme de la cama y soportar la arbitrariedad de las relaciones sociales y el tedio. Ni siquiera la amistad se salva, en vista de que a veces queda reducida a ofrecer algo para que den otro algo a cambio y luego enajenarse. La amistad no se salva y es cruel. En la amistad hay expectativas ilusas de que llegue algún día en que sea una tabla de salvación cuando sobrevenga la debacle. Pero la debacle llego, la metáfora de que la muerte era una inundación o un naufragio resulto inadecuada por supuesto, más bien la debacle resultó ser un oscurecimiento inevitable y progresivo. Han llegado como ciclos u oleadas de desagregación, no se puede describir de otra forma, como olas sucesivas que han ido despojando más cada vez. Primero sin novia, luego sin compañía de ninguna especie. Luego sin contacto con la familia, luego sin objetos, sin libros, sin teléfono, sin nada. Quizá pronto se vayan las palabras también. Y será un alivio para algunos. Alguna vez creí un poco en esto, en simplificar y llegar a una especie de versión mínima y eficaz de la vida. Pero son tonterías en todos los niveles. Y también escribir aquí a veces me hace sentir estúpido.
    6. Inevitablemente la difícil tarea de verse a si mismo, reflejo invisibilizado por una niebla y obstáculos inamovibles. Cuando la certeza ha llegado, se calcula el individuo a través de ello. Queda de lado la intención de parecer lo que se quiere parecer, las pretensiones se ajustan a lo que uno es realmente. Si por ejemplo se quiere ser alguien serio con cara de tabla y en realidad lo que uno parece es una comedia ambulante, se dispone más a favor de la comedia, dejando todo lo que uno quiere ser o debe para ser simulado privadamente ante sí. Dicho esto comunicaré a modo de confesión forzada y también como apoyo a esta idea: se sabe que escribo para un “todos” conformado por dos o tres personas, que de todas maneras es un colectivo, sin importar su número, y también escribo para mi mismo en una libreta que solo yo leo, cosas lamentables y ridículas, que solo yo me creo. Al parecer no vale la pena de ninguna manera que alguien aparte de mí las crea, pero es imposible saberlo realmente.
    7. Una madrugada en medio de la peor de las alergias. una tos que no se acaba nunca en su reflejo o espasmo muscular que quiere echar afuera algo que es aire o algo que está y es pequeño y molesta y pica, allí dentro del tubo ése que tenemos por dentro que sirve para respirar. en medio de una gran fiebre se me va ocurriendo un poema súbitamente. Me levanto como puedo, lo tengo agarrado en su totalidad, las tres o cuatro oraciones que lo componen, me lo repito no demasiado rápido, veo que tampoco estoy distraído y que si lo consigo puedo. Llego hasta esta laptop y lo escribo. Y está listo y suena bien pero claro que no tiene final. Es sólo un pedazo de algo que está inconcluso. Entonces en el minuto siguiente ocurre el milagro de que improviso algo, y todas las coincidencias positivas se juntan, ya no solo es un buen pedazo sino otro pedazo más otro buen pedazo. Pero sigue sin concluir. entonces un verso más y se acaba. Es bueno. Cae en un titulo que ya estaba esperando tener poema desde hace años. Desde hace como nueve años. Esto es exactamente igual a ser un apostador y pegarla tres veces consecutivas y luego retirarse a tiempo. Escribir poesía esperando que llegue sola es darle a un tragamonedas incesantemente hasta que por pura posibilidad, la totalidad se consiga. a ése paso el poemario se va a terminar dentro de mil años. Por esto debe ser que todos se dedican a buscarle atajos a la cosa.
    8. Como si fuese natural, un mes entero levantándome todos los días a las tres de la mañana.
    9. Ojalá existieran los fantasmas para poder tener alguien con quien hablar.
    10. Bigotes es un tipo bajito y muy delgado, con una gran cabeza y orejas inmensas y un tono de voz similar al que tienen algunos pájaros, como un silbido. Y unos grandes bigotes. Lo encuentro abonando y nivelando camas de hortalizas de ciclo corto. Éste tipo es hasta ahora el único amigo que he hecho aquí. Debe ser unos cinco años mayor que yo, porque se ve un poco más maduro. Su esposa es mucho mayor que él y ambos tienen una niña que tiene como quince años y que está locamente enamorada de mí. lo conocí el año pasado mientras desmontábamos camiones de abono y preparábamos una plantación grande de cebollas. Yo hablaba poco, no conocía a nadie y me veía en esa embarazosa posición del recién llegado sucio mirador del piso del que nadie sabe nada. Y también tenía un montón de prejuicios sobre los lugareños que me impedían entablar amistad. Bigotes se apresuró a romper todo aquél hielo presentándose y dejando entrever que básicamente éramos dos tipos de la misma calaña. Coincidimos en un montón de cosas. Pero el tiene muchísimo más tiempo, décadas, en esto de caer en la vida campestre y conformarse con ella. Tiene una colección de pistolas y escopetas que es la envidia de todos, tiene una biblioteca. Muy similar a la que yo he intentado conformar y de la que me he tenido que deshacer en varias oportunidades. Escucha música clásica y sabe de todo y también de lo que le hablo. Así que éste es un tipo verdaderamente especial para mí. Planeamos emborracharnos y terminar como siempre, con el hablándome de sus experiencias en mi propio lenguaje y dándome consejos y ánimo sobre mi vida y las posibilidades que tengo no solo de lograr mi primera cosecha sino de muchas más, de ambiciosos y fantásticos planes para el futuro. Luego me dice que consiguió comprar tierras en Yaracuy y que está pensando irse de acá.
    11. Oscilo lamentablemente durante el día con relación a mis disposiciones hacia los demás (¿se entiende algo?) por ejemplo éste día de hoy en que me levanto temprano y hago todo apuradamente, el desayuno, un café muy amargo y salgo pensando en mi propia torpeza porque de todas formas voy tarde. ya en a escuela me percato de que todo está sumamente normal, el mismo viento helado de siempre, los niños formándose para cantar el himno, no hay por alguna huella de mi urgencia, es como si hubiese llegado a la hora correcta. entonces veo que es la hora correcta. también comienzo también a darme cuenta de todos los asuntos pendientes que tengo para éste día y que no recordé en ningún momento del día anterior. sufro. A lo lejos veo al director que viene en mi dirección para hablarme e irremediablemente pienso en las estadísticas que no le he entregado, y repienso y recuerdo que ya las elaboré pero que no encuentro por ninguna parte las planillas que me pasó para que llenara y le entregara. Entonces estoy en eso durante todo el lento trayecto en que discurre hacia mí. Cuando llega me saluda y me habla de otras cosas y apenas veo sus ojos detrás de la densa capa de gorros y bufandas y otros textiles que acá usamos para protegernos del frio a esta hora y por lo que me dice, hace y la forma en que actúa en los pocos segundos en que me habla, interpreto que el asunto también se la ha olvidado a él. lejos de sentirme aliviado de alguna manera por ello, me parece indignante su propia ineficiencia. No relaciono su olvido con una especie de olvido universal o de torpeza que nos arropa a todos, sino que la vuelvo subjetiva. Es su culpa únicamente. Cómo es posible, pienso. Y todo el día es lo mismo. Pienso en mi propia ineficiencia otra vez durante las clases, cuando veo que los libros tienen contenidos más nutridos que los que alcanzo a dar. Me propongo inventar estrategias y planes para avanzar y hacer que estos niños aprendan, entonces fallo, entonces cuando los otros profesores me hablan de sus propias dificultades no puedo evitar juzgarlos un poco y pensar que podrían esforzarse más. Menos mal que esto no es lo que proyecto. la soberbia mental se queda dentro de mi nada más y nadie la escucha o la observa. No tengo la menor idea de como es que soy capaz de sobrellevar cualquier responsabilidad, ni tampoco como es que ocurre esto de que alguien o algo confié alguna responsabilidad en mi, alguien por dentro dice que es una especie de error que siempre va a suceder, soy obvio para mi mismo y en esa misma medida debería serlo para los demás, que digan sólo al verme “miren a juan, es un pusilánime infantil incapaz de la tarea más básica y es obvio que no debemos tratarlo jamás ni darle ningún empleo de persona racional” pero no pasa nunca.
    12. No corresponde comportarse apresuradamente en éste lugar. Pero indiferente a ello hay ocasiones en que un gran apuro interno sobreviene. Un algo sin forma ni propósito. Casi siempre se trata de una prisa que no es propia. Un furor por agarrar algo y moverlo, y es un furor que no sirve para nada. la desesperación que algo aparte de mí dice que debo tener, pero que no me explica nunca para qué debe ser, ni cómo debe funcionar. la parte de la vida que no puede tener demora, la que nos habla de movimiento. la que sin querer llega a nosotros de cualquier forma. Más, siempre a partir de una especie de compromiso. Como en la escuela cuando advierto a los niños que tarde o temprano empezarán a tener alguna responsabilidad y que deben empezar a ser consecuentes con ella. Algo que en algún momento otro adulto preocupado por lo cotidiano me hizo saber a mí a la vez, y es esa situación de saber entonces que ese ritmo de carrera hacia algún lado que debemos llevar, nos trascendió. Nos pasó por encima y puede hacer lo que sea con nosotros si es lo indicado. Un poco de eso es. Sin embargo empecé diciendo que éste no era el tipo de lugar en el que debíamos actuar así. En el campo muchas cosas de la ciudad pierden el sentido. Por ejemplo todo esto que está sucediendo en las ciudades, el panorama de protestas e inestabilidad del que no hemos salido en años. Más acá los días se suceden con una calma sobrecogedora. En la ciudad por ejemplo la simple observación de un evento fuera de lo común nos pone en alerta, si ello viene acompañado de rumores, comportamientos colectivos y todo tipo de eventualidades, no existe forma de negar que en realidad esté sucediendo algo. el ánimo se prepara y se deja moldear por todo eso. Se queda una marca en algún sitio sensible, la huella de que algo pasó, así esto haya sido solo una falsa alarma, o así una paranoia oculta se esté desencadenando en algún nivel, que estos aconteceres sean legítimos o no da lo mismo, lo que importa es la certidumbre de que algo sucede y lo que esta ocasiona. Y acá en el campo, cuando todos los días trascurren con la misma calma, indiferentes al bienestar o a la decadencia de la ciudad, va creándose una idea ante esto: que todo acontecer es medianamente falso. Una oposición bastante tonta. Se sabe que no es falso lo que sucede. No es un teatro. Pero como que soy el tipo de persona que se aferra a lo que la vida ha dejado en sí como lo verdadero y lo esgrime como invariable, y me niego en el fondo a deformar esa idea de lo que es la realidad. ¿Debería ser al contrario? Es probable. O no, ya que por cada cabezadura como yo debe existir otro equivalente del bando contrario. Alguno que esté convencido de que, cualesquiera sean las experiencias de vida, algo en el fondo nos iguala y nos pone en la misma condición. El campo es el reino de la paciencia, un mundo donde es demasiado difícil perder el tiempo. Es como si la vida moderna dependiera de una estructura no renovable o de motores que poco a poco gastan su combustible, de que todo se gasta invariablemente. entonces el tiempo de marcha se vuelve valioso y debemos actuar. Acá no hay nada de eso, sino que más bien los cultivos nos obligan a tirar los cronómetros y pensar en meses en lugar de días, en días en lugar de horas.

     

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Lo que aseguramos con mayor certeza es lo inexistente

abril 3, 2017
  1. “Morirse debe ser algo que esté cubierto” así empezaba algo aquí, sin embargo no se que pasó con eso, no se guardó el archivo o se borró y ahora no se lo que era.
  1. Todo está mal, y cada vez peor. Pero de pronto surge una calma inesperada, en el medio mismo del caos. Algo nuevo sin lugar a dudas. El fracaso puede ennoblecernos ante nosotros. ya lo había visto antes aunque no en mí. Se lo había visto a o. ciertas veces le vi sonreír estúpidamente, es esa sonrisa que uno tiene cuando una felicidad más grande que uno le invade. Estas veces en que le vi sonreír, atravesaba ella este tipo de circunstancias, o la verdad no recuerdo si oíamos una historia de alguien que intenta hacer algo y fracasa estrepitosamente. Si creo que era eso. En mi lo que sucedió fue que intente darle vueltas al asunto. Como si de una moraleja se tratara siempre, como de una verbosidad que ocurre siempre de decir algo al respecto, una conclusión de una sola página. En ella se dibujaba esa tonta sonrisa de gozo. No podía ser el gozo por una confirmación de nada. Era solo una alegría tonta nada más. Como muchas otras veces, fui incapaz de ponerme en sintonía con todo eso, y después no lo intenté. Ahora entiendo un poco, que es lo mismo que decir que no entiendo nada. Es algo muy de fondo de uno mismo. Algo que ya no tiene que ver con las satisfacciones, las gratificaciones ni las representaciones que uno hace de sí mismo siempre, y que constituyen la mayor parte de lo que ocurre por debajo en el sujeto, la gran parte de esa ebullición constante y espumosa que está ocurriendo en la personalidad. Qué importa si todo se va a la mierda. Al menos uno estuvo acá, y lo intentó, y podemos decir (tampoco importa si sólo podemos decírnoslo a nosotros y que luego el olvido nos tragara en su vacío) que tuvimos nuestra propia oportunidad de algo, que ese algo fue nuestro. Así sea una cagada, así sea haber nacido para ser absolutamente unas mierdas sin derecho a la gran mentira de la superación individual. Así sea también imposible que alguna cosa, o que la nada, pueda pertenecernos, porque ocurra que somos primordialmente nadies. Así todo en este mundo sea mentira, podemos estar tranquilos porque algo de lo que tampoco podemos estar seguros, nos hará dignos.
  1. A veces en ciertas noches no sólo es la conmoción por ciertas canciones, sino por cualquier canción que suene en mi radio (menos las actuales) y finalmente es una conmoción por cualquier cosa. Sólo se me ocurre llamar a esto “amor”. Puede ser que el amor exista. Con las personas, por supuesto, como núcleos de los que emana ese amor, pero sin excluir nada. Calles, horas, situaciones. Cada una de estas canciones inactuales que acá suenan, en estas radios que están congeladas en algún lugar de los noventa, entre merengues del general, salsas de Gilberto santa rosa y antiguos vallenatos, hablan de una vida y de un individuo. Y como no amar lo que ha sido nuestra vida. Y lo que uno es y ha sido en todas aquellas situaciones y con las situaciones y personas con las que ha coincidido. Es una sentimentalidad de mierda. Amar la vida de esta manera hasta las lágrimas a veces es medio fatídico- porqué quizá toda esta conmoción no sea más que un sentimentalismo barato hacia uno mismo y la tragedia de su finitud.
  1. Esta necesidad de estar siempre solo escribiendo, esta cama inútil llena de medias blancas, porque siempre las lavo y soy incapaz de guardarlas en un solo sitio y en vez de eso suelo dejarlas botadas durante días ahí y duermo encima de ellas y cavilo. Estas medias y esta mediocridad de la vida, ¿qué chillan y para quién? ¿Qué es todo este silencio, esta continuidad interminable de situaciones en que sólo se es para si? Son unos años de constancia desperdigamiento y desfile de este catre por ciudades distintas. Es un calor corporal que ha viajado de distintas maneras, un bólido quieto en el que me encaramo y piloteo. Las otras personas han estado como accesorios de este tipo de existencia. Hablan y las sé. Pero no alcanzo a cobijarlas todas. A veces siento que no he llegado a querer realmente a nadie. Y mientras tanto esto que sucede a estos otros si es la vida. Esa navegación habilidosa por un complicado laberintoselva de responsabilidades, golpes de timón que los hace estar en riesgo y los acerca afortunadamente también a sí mismos. Y el contraste entre eso y esta forma, infinitamente menos efectiva, de medias y sabanas botadas por cualquier lugar. Riesgos y riesgos constantes que yo no tomo y que debería tomar de una vez por todas, como cuando la determinación llega y el anfitrión interior dice emotivas palabras sobre todo eso que debe hacer uno. Como en la promesa de baratijas de un espectáculo armado por si para si. ¿Y qué es lo que no es esto? Básicamente vendría siendo encaramarse en algo y fijarse. Como lapa, como rémora de tren o autobús hacia la promesa. En el camino pasarse uno por encima a sí mismo. Agarrar las putas medias y botarlas. Luchar contra el dolor de espalda con algo más que tecitos. También uno quiere y también en el acto agarrar y echar a la mierda todo ese cariño. Renunciar. Se percata fácilmente de que tanta incidencia pasa por algún lado, que no faltan unos ojos que juzgan. O en otras palabras; uno sabe que los otros piensan que uno “esta mal”. Estar mal. No es que uno no lo crea, es que hay algo más. Si no hubiera algo más, estaríamos aún inscritos en la continuidad de toda esta cosa? Porque estar mal es no estar bien. Es un estado realmente penoso, absolutamente negativo. Cómo es que hay estas zonas indeterminadas de cosas que nadie sabe que son. O, para una mejor defensa de esta cosa que no importa defender: no importa porque es insuficiente, solo por eso.
  1. Encaramarse en el autobús. Fijarse al tren hacia la promesa como lapa o rémora. Y una ilusión de que semejante cosa pueda hacerse de un solo movimiento. Yo pienso que como uno mismo es un gran mecanismo fallido, mal actualizado y auto saboteable, esta ilusión es en realidad el primer paso hacia otra cosa completamente distinta. Quizá el desencanto. Pero es imposible resarcirse de ello. Hace unos momentos las yemas de los dedos adoloridas por las teclas de este teléfono descontinuado estuvieron a punto a escribirle un SMS al único amor que me queda: “si me dieran a escoger entre tu amor y la posibilidad de pensar como una máquina, escogería la posibilidad de pensar como una máquina”. Pero borré el mensaje. De todas formas lo pongo acá para ilustrar esto. Así se imagina uno que sería si le fuera dada la posibilidad de pensar como una máquina. Es decir sería infalible. Es decir uno es decididamente falible. Es decir estamos desencantados de lo que somos.
  1. El tamaño de este obstáculo al que nos enfrentamos nos ha desanimado enormemente desde hace mucho tiempo ya. No hay posibilidad de retorno hacia la ilusión. Quizá por eso sea que uno el escritorzuelo esta condenado a esta caricatura sentimental de representarse constantemente desde la infancia. Ahora mismo me pasa que tengo que estar en contacto con niños la mayor parte del tiempo. Hay niños de todo tipo y también hay niños que son insoportables como pequeños monstruos que nos hacen la vida imposible. Pero también están los otros niños con los que decidimos identificarnos, los afectos nos manejan y hasta podríamos decidir utilizándolos a ellos y quizá no habría nada reprochable. La infancia entonces es como un territorio sacro en el que nadamos alguna vez y esa brillante época era la época en que no nos habíamos desencantado tanto. Podríamos dar la talla en eso de luchar contra ese monstruo invencible (el tamaño del obstáculo al que nos enfrentamos) pero todo lo que somos y nuestras convicciones modernas nos repiten que es imposible (nos ha desanimado enormemente desde hace mucho tiempo ya). Entonces viene lo lamentablemente humano y también lo vemos como otra proyección del gran espejo del desencanto propio en el que nos vemos: lo patético. Giramos sobre el suelo, proferimos alaridos de miedo o de ira o rabia, nos entristecemos y nos da por afirmar como maricos que se trata de un desequilibro de los chacras. Lo mágico y lo milagroso nos parece la única explicación real y la única manera posible de combatir al monstruo. Su fuerza podría equipararse con la complejidad de análisis que no tenemos y con la que, sin duda, según nuestras propias explicaciones, seríamos capaces de resolverlo.
  1. Han visto los power rangers. Acá los conocemos así pero sus verdaderos nombres son “los súper sentai” sentai vendría siendo en el mundo japonés una palabra que se traduciría en “equipo” El súper equipo. La producción que nosotros conocimos adaptada a un público internacional nos acostumbró a pensar en ellos como en un grupo de liceístas cabezas huecas cuya fortaleza era esta misma cabezahuequeidad. Sin embargo en los extrañísimos súper sentai los rangers eran otra cosa. Uno de ellos era un tipo que parecía exacto un burócrata. Un oficinista amargado con un maletín bajo el brazo y lentes. Aparentaba mediana edad y una madurez repleta de rasgos sociales fáciles de reconocer como por ejemplo cierta seriedad de padre de familia o maestro de escuela. Y así, no creo recordar entre ellos a ningún renegado, agente de lo cool o estereotipo juvenil, por supuesto los estoy comparando es con los power rangers de los noventa. Ya en los capítulos de ésta generación que he pillado viendo televisión con mi sobrino me percato de que se ha regresado a la idea de incluir a personas de mayor edad dentro de los rangers. Son como dos ideas opuestas acerca de la lucha. La idea de que la magnificencia de la razón le pertenece al ciudadano promedio comprometido con los ideales conservadores del progreso del mundo moderno, y la idea de que la razón le pertenece a unos agentes desconocidos que mueven como marionetas a unos subordinados víctimas de una sociedad mercantil en sus estadios más decadentemente consumistas. los power rangers luchan contra algo malvado, contra monstruos precisamente, pero más aún, contra monstruos mágicos. Mantienen a raya a toda una proliferación metafísica que aparece en campos de golf y ciudades, como una especie de plaga indeseable que por su propia indeseable acumulación va generando rupturas entre las dimensiones y derramándose por todas partes con disfraces antiestéticos. Cómo lo logran los rangers contra el mal? Sentándose día y noche a calcular y recalcular el inquebrantable tejido tecnológico y material que los sustenta. La superioridad técnica de los rangers se equipara ya con la magia. Y en última instancia para los espectadores de toda esta saga: da lo mismo que uno tenga tales y cuales dominios y que otros no. Ya sólo nos importa la pelea. Los buenos contra los malos.
  1. Lo específico de la guerra: Quizá si no estuviésemos desencantados nada de esto sería así. Los buenos contra los malos. Esta es la segunda cosa, agarrar bando. Decir que los malos son los otros y no uno como en toda guerra. Entonces es tan así, es tanto como guerra? Por supuesto. Al menos desde el punto de vista sentimental es una guerra, desde las emociones turbias de un guerrero. No hay nada más que verme a medio día metido en el barro y dándome golpes de pecho o queriendo suicidarme por honor al ver que los muchachos de cuarto grado aún no saben leer. Hay rencor, ira por la alienación. Queremos blandir el báculo de Rita pero nos sentimos impotentes. Sin embargo estas condiciones actuales puede que tengan el menos una cosa ventajosa. Para nosotros los habitantes del tercer mundo, de la Venezuela corrupta y caótica, las causas del desastre son claras. La culpa del desastre viene de un claro error humano, administrativo. Nuestro sistema de gobierno, nuestra política y nuestra coherencia son una mierda. Fin de la historia. ¿Y qué es lo bueno? Que no nos creemos el mito de que la distribución del mercado es equitativa y adecuada al concepto cristiano de justicia, y de que la pobreza es algo así como un curso de superación personal que debemos estar agradecidos de recibir. O, como pasa ahora en muchos otros territorios: que la entereza hay que dejarla en manos de los administradores colegiados de la sociedad. De los profesionales pulcros que rebosan juventud y esparcimiento en lounges y discotecas los viernes por la noche. de unos desenfadados bailarines que han sido instruidos con el milagroso secreto profesional que les permite conocer nuestras subjetividades, las subjetividades de nosotros, trabajadores mal pagados que oímos vallenato en un pequeño cuarto mal ventilado pintado de amarillo, en nuestras casas improvisadas sin confort y con instalaciones sanitarias deficientes. A mi mismo, escritorzuelo por la gracia de dios, se me ha negado en varias oportunidades el sagrado derecho al trabajo, porque he sido descartado por la audacia de este tipo de profesionales. Hace poco un médico de pacotilla me negó un trabajo porque mis venas prostáticas estaban demasiado crecidas o desarrolladas ¿que mierdas quiere decir eso? Las leyes laborales en Venezuela especifican que se haga uno exámenes físicos con un médico que es contratado por la empresa. Lo que yo no sabía era que el médico actúa como mediador de los intereses de la empresa, permitiéndose rechazar a aspirantes que puedan luego significar un gasto en cirugías o tratamientos médicos. Además de comportarse con la mucha prepotencia (la prepotencia clásica de los médicos producto de ignorar ingenuamente que la racionalidad de las ciencias empíricas es imposible) su negativa significó que pasara otro largo periodo de precariedad. Pero no me fui de allí convencido de mi inaptitud para ese empleo.
  1. Pero entonces sucede que algo se trasforma y uno puede ser el otro bando de la guerra. Que el monstruo sea uno mismo. Se trata de que no somos el monstruo. Nuestra idea de justicia no es tan profunda que digamos. Se trata solamente de que queremos amasar y no nos dejan. Y como amasamos? No se sabe, pero esto arroja conclusiones hacia el lado contrario: creemos que el monstruo vive dentro de nosotros. Creemos que en nuestro interior se encuentra el germen de una eficiencia equiparable a nuestra problemática. Porque creemos en parte que todo ese problema, grande y bueno o malo de todas formas es un producto nuestro. Lo ideamos con algún propósito. Estamos tan emparentados con él. Entonces dentro de la naturaleza de nuestra constitución mental pueden hallarse las respuestas. Pulso de nuevo las duras teclas y le escribo que tenemos que ser fuertes. Porque adentro de nosotros mismos, también vive la bestia con la que nos enfrentamos. Y que si permanecemos anclados como rémoras sin importar las vicisitudes, los dos mecanismos se pondrán de acuerdo, entrarán en una sintonía sin que nuestras subjetividades adoloridas alcancen siquiera a comprenderlo y ocuparemos ese sitio que al fin y al cabo no es tan darwiniano como creíamos.
  1. Se va quedando poco a poco sin nada. Se acumula incertidumbre y dolor físico. En el próximo instante sobreviene una nueva impresión adolorida, ahora es esta de hallarse despierto en la mitad de una noche con lluvia. La oscuridad total y solo el ruido. Y sin saber, darse la vuelta, entonces un dolor punzante, un nuevo dolor. Como un algo punzante que se hubiera alojado entre el pecho y la espalda, pero más hacia la espalda, pero aún más hacia la columna. Empeora el girar y buscar otra posición. No se sabe qué lo produce. Seguro tenga que ver con que se eliminó esa almohada y lo último que se recuerda es que la chatura de la cabeza mal constituida se apoyó directamente contra el colchón, dejando manifiesto este desnivel natural que hay. Un tórax demasiado elevado y una cabeza de chorlito. El sueño ya era indetenible y no importo ni eso ni la nariz rota.
  1. De pronto alguien en una tarde avisó que el maíz estaba siendo regalado. A veces ocurre que el maíz se cosecha, el comprador mismo lo recoge, muchas mazorcas son relegadas porque ese comprador no adquiere sino las que son más presentables y adecuadas. Todas las otras mazorcas quedan allí llenas de maíz y el dueño de la plantación se las va llevando a su casa y las come pero se cansa también de esto y entonces anuncia que cualquiera puede ir a buscar lo que quiera y cuanto quiera. Como es muy lejos no se decide bien si vale la pena ir. No tiene medio de trasporte. Pero lo necesita. Entonces camina y llega dos horas después al sitio. Está atardeciendo. Al llegar hay un señor con sus hijas y su camioneta. Pero ya están por irse y apenas llega. Entonces la hija llamada lola, esa adolescente seria, callada y de temperamento belicoso que sólo sonríe a él, le dice que tenga cuidado por allá, porque hay una culebra venenosa. Es decir una cascabel grande, como de dos metros. Decide no acercarse a la zona. Es una ladera abrupta en el borde de un desfiladero. Porque allí hay sitios así, cultivados a orillas de desfiladeros y hay uno bien famoso que debe tener como setecientos metros de caída. Saca el saco. Comienza a meter mazorcas, las deshoja un poco para percatarse del estado del maíz, el tacto no es suficiente, es engañoso, promete y luego la mazorca no tiene granos. Teme del pasto elevado que pueda servir de escondite a otras culebras, recuerda los relatos que ha oído de muertes inmediatas, la lejanía de todo antídoto. No llevaba puestas sus botas de caucho indispensables para defender los tobillos de las mordidas. Tuvo que alejarse de la margen del abismo porque se mareó. Cuando el saco estaba lleno hasta la mitad decidió parar porque se iba a hacer más tarde, el camino era muy cuesta arriba hasta su casa y a partir de allí cada mazorca se convertiría en un suplicio por cada kilómetro. Pensó en la culebra y llego hasta la entrada, al llegar había encontrado la alambrada falsa echada en el piso y se sintió seguro de que nadie más iba a ir allí ese día. Pensó que sería un gesto cortés para con el señor pedro soto dejarla cerrada y así no entrarían otras vacas que no fuesen las de él a comerse las hojas. Puso el saco en el suelo en la orilla de una laguna grande que había justo al lado y pensó en que no se había preparado para pescar. Levanto el palo pero no podía alzarlo a más allá de cierta altura porque algo lo impedía. Entonces obstinadamente lo forzó a levantarse centrándose sobre él y haciéndole fuerza, sin pensar ni un instante en revisar la causa de la obstrucción y remediarla. Entonces todo aquello cedió y con su propia fuerza concentrada estrelló el palo contra su propia nariz, de un solo golpe fulminante. Retrocedió sin entender lo que había pasado con lágrimas que corrían indetenibles y sin tristeza y un segundo después como si alguien hubiese abierto una llave de agua, los ojos semicerrados y la boca dolorosamente abierta, paralizado en una postura estúpida y rictus trastornado, sobrevino la gran lluvia de sangre. Primero salió con burbujas y empujada por la presión del aire exhalado, con un sonido chispeante, luego como la otra bocanada de aire entró por la boca redondeada por la sorpresa, la presión se normalizo y ya no fue una cascada sino un caudaloso hilo que bajaba por la barba y el cuello y se perdía entre la franela y el suéter rojo con azul. Se sentó en el suelo por un momento y trato de frenar la salida de sangre pero no lo logró. Jamás se había roto la nariz antes. Se quito la ropa empapada y luego de una media hora la sangre dejo de caer. Lloró de furia y echó la ropa dentro del saco con las mazorcas ensangrentadas, se lo puso sobre le hombro derecho y empezó a caminar hacia una quebrada cercana. Eran las seis y media de la tarde.

Luego una buena noche; I. me dice algo que siempre me pone por mensajes, que pienso demasiado y que no debería hacerlo. Siempre he pensado que decir eso es tonto, sacudo la idea como a mosca y luego se hace la luz. La luz de esa misma idea que acabo de espantar. Creo “comprenderlo todo” con toda mi ingenuidad. Estamos tan sintonizados que ya esta esbozando una especie de disculpa por decir eso. Yo le respondo que es una genial idea y a continuación duro unas dos semanas dando vueltas alrededor del asunto. Primero pienso que “pensar demasiado” tiene que ver con proyectarse demasiado, o con pensar en uno mismo. Esto es lo mismo que decir que no es que sea malo pensar, sino que hay distintos tipos de pensamientos y que los “pensamientos nocivos” vienen siendo los tendenciosos, repetitivos y molestos, los circulares y endémicos que no podemos superar a los que siempre volvemos, serían más o menos trasindividuales pero también habrían como unos tormentos demasiado específicos y raros. Pensamientos que solo una persona debería tener. En mi caso no es más que preocupación de no existir, de no estar satisfecho nunca con lo que entra por los sentidos sobre mi, con la poca y triste evidencia que tengo de ser o significar. Luego que habrá que darse uno por sentado, que uno se proyecta a su pesar, sin remedio  sin proponérselo nunca, y siempre de una manera suficiente. Quiéralo o no todo esto: botas de goma, sombreros de fieltro, suciedad y bigotes, es siempre y pesa mucho, distorsiona los campos. Eso debería calmar la incertidumbre. Luego en el trascurso de a semana pienso en que todo ese ruido llamado pensamientos nocivos es un constante rodeo que hacemos cuando queremos cuestionarnos la universalidad de una cosa. Si trabajar pa comer es tan universalmente acatado, ¿porqué nos lo vamos a cuestionar? Si bañarse, limpiar y bañar al perro es aceptado como correcto, la pura convención lo debería justificar y ya. ¿Pensar y pensar en que conviene o no hacerlo es otra forma de uno pensar en si mismo tontamente? Quedémonos con que así es por ahora, a ver qué pasa. Quedémonos en que si hay frío y son las cinco de la mañana, y queremos seguir durmiendo otro rato, la pura observación de que el yo y nuestros tontos gustos se están poniendo a trabajar, sea entonces la confirmación de que nos debe importar una mierda lo que queramos. Que venga la enajenación así, a ver. Y vendrá. Pero si uno es bien consecuente con lo que no es uno mismo, quizás algo cambie.

Soñé con idvc. Soñé que era su amigo, pero que yo, es decir ese yo que ella odia, y al que no dirige ni una palabra, era otro, a pesar de que sin embargo yo era yo mismo. Entonces el sueño consistía en que ella y yo observábamos un horizonte. Era como un edificio desde el que se veía un territorio inservible, urbano: estacionamiento o terreno lleno de malezas adyacente a ese edificio. Y detrás mucho más de la ciudad. Edificios, estructuras, autopistas. Hablábamos de cualquier cosa y ella mencionaba que en aquél sitio, a lo lejos, era donde yo vivía o trabajaba, es decir yo el otro. “a veces cuando paso por allí lo veo” decía. Entonces yo salía con un tonto consejo motivacional: -“hasta cuando vas a permanecer sin hablar con él” –“debes acercarte, saludarlo, limar todas esas asperezas que solo hacen daño”. Entonces resultaba que ella accedía y se proponía hablar con él, conmigo. Pero yo entonces me iba a acechar a mi otro yo. Antes de que ella se acercara a él, el día posterior a aquella conversación, me aproximaba sin ser visto hasta el sitio en que ella dijo se encontraba, que no era más que un simple territorio infecundo similar al inicial. Era un mucho más fornido que yo, más joven y vestido de negro. No se estaba quedando calvo, no era flaco ni usaba bigotes. Se hallaba de espaldas a mi, ensimismado en algo que tenía ante si, nunca vi su rostro. Luego de que lo observé desapareció y me marché satisfecho de haber ejecutado el malicioso plan de haberle visto directamente para que desapareciera.

Un sueño-nota para B.

febrero 27, 2017

Hola. te dije en algún momento que te escribiría aún sabiendo que no tengo una razón objetiva para hacerlo. Como entiendo que parece ser algo a las malas, tengo que decir que entenderé si quieres ignorar esto y dejar de leer.  debo decir además que tienes todo el derecho a hacerlo. Te dije en alguna oportunidad que a veces sueño contigo; hoy (08/02/17) fue lo siguiente: soñé que esta pobre realidad se terminaba de fracturar y que todo estallaba, produciéndose una especie de estado de excepción sumado a un interesante (no hallo otro adj.) retroceso hacia un tipo de vida postdesastre. Por ejemplo quedaba suspendida la necesidad de trabajar y la educación y todas las instituciones, etc. Además había que mirar constantemente sobre los hombros porque ahora estábamos en guerra, no solamente en contra de criminales, bandas de malandros armadas y prójimos paranoicos sino que también contra una especie de enemigo metafísico y/o mágico que se materializaba con fuego y mucho humo como los diablos católicos, y que había que combatir mediante hechizos familiares, reliquias, pedradas, disparos de escopeta trampas etc. Yo me había atrincherado en la casa de un amigo de toda la vida, Elvin se llama éste amigo mío. Y éste amigo, quién es el típico cuarentón gay con sensibilidades estéticas y moldeado por un padre anacrónico, cruel e indiferente y una madre dulce, que vive solo en su casa familiar y que ha sobrevivido a la muerte de ambos, preparaba una batería de herramientas para eliminar al demonio éste, que pretendía aparecerse en un sótano. Pero entonces a mi me cuesta precisar en que parte apareces tu, porque ya acá apareces. Y ya antes aparecías también, lo que me demuestra que el sueño no comienza acá. Pero de lo anterior sólo consigo recordar esto: que en las fases iniciales del caos, como si se pudieran escoger los compañeros de equipo para adentrarse en el apocalipsis, ya estabas tu deambulando por unas calles y comercios pueblerinos (de estos pueblos de acá) atestadas de caos, caos pueblerino también pero legitimado de trascendencia histórica (era el fin del mundo. y no un simple desastre carnavalesco pueblerino) íbamos junto con otras presencias tratando de comprar algo para abastecernos en vista del caos que sobrevenía (abarrotes pueblerinos como velas, sacos de papas, dulces criollos) que eran básicamente lo único que podía aún conseguirse en los comercios. Tu comparabas en una mala panadería un muy mal pan mientras te lamentabas de lo malo que era (hacia el final debería comentar como es que en sueños te doy rasgos subjetivos que no se  si tengas y que no existen, en vista de que no te conozco) creo que yo también alcanzaba a probar el mal sabor del pan (se deshacía de inmediato entre el paladar y la lengua en una consistencia líquida y semi salada como una especie de pan falso) pero nos resignábamos a conservarlo en vista del fin del mundo. Luego aparecías también en casa de Elvin, siempre colaborando en algo con buena voluntad pero como si lo hicieras por compromiso puramente social. Más adelante haré otro inciso para comentarte eso. En fin de vuelta al momento en que satán aparecía en un sótano, el pobre satán no  podía estar allí de inmediato y de una sola pieza sino que su aparición era un fenómeno lento y de varias fases -Algo así como la primera vez que Mefistófeles se le aparece a fausto en Goethe, no se si lo has leído: primero es un perro que persigue a fausto desde el campo hasta su casa y una vez dentro tarda un tiempo en volverse demonio y esto le cuesta y le es un acto difícil e incómodo como después se lo hace saber a fausto- sobre un pedestal en casa de Elvin empezaba a crecer un llama caótica y lenta. Ya estaba Elvin echándole agua bendita, rezándole a dioses de muchas culturas diferentes, echando tijeras y sal en el piso y ese tipo de cosas. Y mientras crecía, crecía también el uso de esos recursos y cuando ya algo material empezaba a distinguirse, empezaba el contraataque físico que era una cayapa de batazos, machetazos espadazos cuchillazos y todo tipo de injurias. El resultado era que satán dejaba de lado la idea de ir a visitarnos y la victoria era nuestra pero había consistido más que todo en haber podido adivinar acertadamente el sitio de su aparición. Luego recuerdo del sueño que nuestra lucha para sobrevivir era también una lucha personal contra nuestro propio caos. Es decir contra el creciente desorden que nos acechaba en aquél lugar. La casa de este amigo es una especie de almacén de objetos diversos. Por todos lados habían torres de electrodomésticos empacados en sus cajas que sólo se habían usado una vez, colecciones interminables de discos, polvo, vidrios rotos, sillas apelotonadas unas contra otras libros apolillados. Organizar todo aquello amparados por la certeza de que cualquiera de estas cosas podría sernos útil era la más difícil de las batallas. Había que limpiarlo todo porque estábamos siempre bajo riesgo de enfermarnos por asma o por no sé qué contaminantes de tipo fall out  que se hallaban suspendidos en la atmósfera. Eventualmente también tuvimos que enfrentar a una señora que nos aconsejaba comernos una mascota que no he alcanzado a descifrar bien, era como un hámster enjaulado. La señora malvada había determinado con alguna autoridad que la mascota debía ser sacrificada y esta determinación pasaba por encima de nosotros, así que nos hería doblemente-, en los sentimientos de amor hacia la mascota y en un viejo rencor contra ella como figura autoritaria que nos determina a pesar de que ya somos todos desgraciadamente adultos. En esta batalla todos quedaban mudos e impotentes como si los traumas infantiles de imposiciones y regaños aún estuviesen allí frescos y como si a esta señora por alguna razón no se le pudiera contradecir o fuera inadecuado. Yo tomaba la palabra y era el héroe en esta oportunidad, porque a pesar de mi naturaleza introvertida he aprendido a ser contestatario pero sólo de una forma racional (me vendo ante ti) y conseguía confrontar a la señora de una forma también al menos incuestionable, la señora enmudecía a su vez y creo que también desaparecía, no recuerdo. Pero dejaba en todos la mala impresión de haber experimentado un incidente incómodo. Algo muy común de la gente adulta e inmadura, avergonzarse de que su independencia y  libertad sean puestas en tela de juicio. Luego viene la lenta aparición de un orden, una regularidad en que un sentido de ley empieza a imperar aunque todo sigue siendo excepcional. Hay calma en calles y una especie de rutina. aparecen amigos antiguos y que no veo desde hace años, (como quince años) y me percato de lo envejecidos que están (casi ancianos) lo que, si quiero, puede hablarme sobre mi autoimagen actual: alguien que envejece sustancialmente. Aparece también mi mamá y entonces experimento cariño, un cariño artificial, de sueños hacia ella y hacia ti. Si hacia ti. Lo que, si quiero, podría hablarme de un idealismo que está detrás de todo esto y de toda esta referencialidad personal. De toda esta inclusión impositiva de ti dentro de mi sin ningún antecedente (a veces pasa) (¿te ha pasado?) y luego aparentemente debes marcharte. Porque debes “volver” al lugar del que provienes, porque es como si te hubiese enajenado y tu hubieses accedido.  Es como si fueras el refuerzo importado que viene y hace su trabajo con voluntad y que luego de haber terminado se marcha. Eres pureza de amabilidad y buenas maneras y yo me siento conmovido. Entonces te acompaño a una especie de terminal de trenes subterráneos dónde te encaminas a tu destino, no hay trenes en los andenes sino aviones pero en fin, me dejas acompañarte, como enunciándote a ti misma como la extraña que eres, o mejor dicho, como yo enunciándote a ti misma como la extraña que para mi efectivamente eres, sumándole la sentimentalidad un poco mentirosa (en los sueños se sienten cosas como reales hacia cosas o personas que son apenas posibles) de que eres en realidad una extraña y de que no quisiera que lo fueras . Y de que si yo te incluyese en mi vida o en mi equipo de supervivencia al apocalipsis, quizá tú accedieras como dije más arriba por pura solidaridad social, para no incurrir en el mal gusto de mostrar antipatía. Luego te marchabas y me encontraba dentro de aquella terminal de aviones subterráneos con otras personas que se ofrecían a sustituirte para lo del diablo, pero las comparaba contigo y las hallaba simplemente insuficientes. Espero que esto te esté pareciendo lo suficientemente ridículo. Lo es. Ojalá me denuncies, me categorices como un completo fastidio del que hay que librarse temprano y comentes con todo el mundo lo ridículo de esto. eso es esperable y es positivo también, sobre todo para ti. Lamento haberte hecho perder el tiempo leyendo esto. Algo de idealismo tiene. Algo que tiene que ver mucho conmigo y poco contigo, una proyección irrespetuosa y egoísta de mi y no de ti. creo que eso es lo verdaderamente condenable del asunto. Sin embargo debo advertirte que algo insidioso en mi viene determinado a prevalecer aunque yo no quiera y a veces ni quiero, entonces no podemos hacer nada contra eso es decir, tu si puedes. es decir, hasta que no pongas manos a la obra manifestando desacuerdo, no dejaré de exteriorizar cosas ante ti que debería guardarme. O puedes intentar hacerme entrar en razón, Pero creo que seguiré escribiéndote en tanto tenga libertad para ello- Que estés bien.

la enajenación y uno

febrero 27, 2017
  1. En una biblioteca de ciencias pueden encontrarse unos volúmenes gigantes  titulados “Netscape Navigator 2.0” o bien “Netscape Communicator”. Abrirlos es una tontería que ya he hecho. También pueden encontrarse algunos de radiotécnica. Pero esos si que no los he abierto nunca. Y muchísimos más textos sobre tecnologías obsoletas que solo podrían tener un interés histórico, ya que las posibilidades de quedar  atrapado de por vida en una cueva con una copia de Netscape y ése libro vienen siendo muy pocas. Y cuál es el punto hablando sobre esto aquí? Pues que éste viene a ser un claro ejemplo del tipo de cuestiones y decisiones que suelen preocuparme en mi vida.
  2. La última táctica de guerra en esta guerra encolerizada que se ha establecido y que ha llegado para quedarse: ya no sabremos más nunca dónde está el enemigo, o no sabemos quién o qué es el enemigo.
  3. Si logro poner estos tres tipos distintos de invasión alienígena y articularlos en un solo relato, quizá tenga algo.
  4. Estuve desaparecido un tiempo. Pero no estaba desaparecido por más que mis papás se lo hayan tomado así. Quizá no exista una razón auténtica para que mi padre y mi madre me buscaran sin encontrarme. Me buscaban pero no me he extraviado, solo me he negado a aparecer. Estaba viviendo en un zoológico. (Sí se me entiende, que de hecho estuve viviendo en un zoológico). Pero éste ha sido un abandono por entero voluntario. En medio de mi abandono he conocido tigres y anacondas. Las anacondas, por cierto, son los únicos seres que me inspiran miedo verdadero. Viven metidas dentro del agua verdosa, en tanques con paredes transparentes. Como archiduques muertos. Y ¿a qué hay que temer de verdad? A nadie realmente. Desde que estoy viviendo en este sitio casi soy feliz, y éste es un sitio que llenaría de miedo a algunos bien valientes. Esta espesura extraña me hace feliz, es mi líquido amniótico conmovedor y mi ensordecimiento subacuático primordial y es nostalgia ingénita de la felicidad. Siento felicidad cada vez que avanzo entre una hierba que solo puede identificarse por el ruido al chocar contra mis botas. Soy feliz cuando a través de una ventana me asomo y la oscuridad se difumina por la luz lechosa que penetra por otra ventana, proveniente de algún reflector lejano. Quizá todos esos espejos polvorientos que diviso reflejando polvosas y dudosas luces, dentro de extraños cuartos abandonados, son una parte de algo extraordinariamente mío en realidad. Nunca he sentido tan poco miedo como ahora, y me cuesta explicarlo. Es como si las estrellas que brillan desde una ventana no estuvieran emplazadas sobre la oscuridad sino sobre un campo azul. Es como si el mundo no estuviera lleno de aire sino de viscosidad respirable.
  5. Esta es una nota de un mes posterior; me fui del zoológico y mi felicidad se terminó.
  6. Sueño. Junto con i. y c. me dirijo a una zona deshabitada de la ciudad con el propósito de buscar unos recortes de periódicos sobre las olimpíadas x, que eran unas olimpíadas que se habían celebrado en un pasado remoto. Un tipo parecido al pelón de los comerciales de open english nos contactaba y con él acordábamos una especie de transacción clandestina. Porque éste negocio de los recortes de periódicos era un negocio clandestino. Así que éste tipo sacaba de debajo de unas almohadas , en un sitio que era como una tienda por departamentos, algunos recortes amarillentos de periódicos deportivos y nos íbamos. Luego de eso sucedía que debíamos regresar a aquél sitio porque teníamos una gran necesidad de recortes viejos sobre las olimpíadas. Entonces regresábamos nuevamente unos días después y volvíamos a entrevistarnos con el tipo. Ahora la entrega se hacía en el estacionamiento del lugar y ésta vez el tipo nos entregaba un montón de pequeños recortes. Al salir de allí nos percatamos de que en la calle hay un gran tiroteo porque la zona estaba completamente al margen de la ley aunque era una zona muy lujosa (supongo que lo era precisamente por hallarse al margen de la ley) I. y C. sacan unas tremendas armas y empiezan a participar en el tiroteo. Se mueven como perros de guerra, asesinan agresores y van tomando posiciones. Yo me aparto y huyo en otra dirección. Me refugio de la balacera entrando a una casa desconocida. Dentro de ella se encuentran unos hippies que se supone son los habitantes de la casa, los cuales eran espantosos y flacos, mientras que la casa era como una especie de almacén y estaba toda llena de productos escasos de primera necesidad. Entonces me escondo durante mucho rato allí porque temo ser descubierto por los habitantes, algo en ellos me hace sentir un temor horrible. A hurtadillas los observo mientras se sientan en una mesa a comer pero no comen realmente, en vez de eso abren latas de conservas y todo tipo de víveres y los desechan en unas horribles bolsas de basura en las que se mezclan y se aglutinan desagradablemente los contenidos. Las bolsas a su vez se aglutinan entre ellas sin que nadie las bote. Al final parecen tener una especie de adicción a algo que les impide comer. El estado catatónico que les induce su sustancia adictiva les hace incapaces de percatarse de que me encuentro ahí. Después de mucho esperar finalmente llegan I y C. y acribillan a los hippies y yo suelto una maldición y les reprocho por haber tardado tanto. De inmediato empiezo a meter en mis bolsillos objetos valiosos y a percatarme, como nunca antes en ningún otro sueño, de la terrible frustración de no poder traer conmigo aquellas cosas a esta estúpida realidad.
  7. A veces cuando nos sentimos tristes, es porque un maracucho que tenemos por dentro está como loco moviendo todas las palancas al mismo tiempo. De que otra forma explicar la tendencia maracucha de enfermar de tristeza en las navidades. Han oído las gaitas? Han oído las cosas que  enuncian los sujetos líricos hablantes de las gaitas? Han contemplado en cadena nacional a “chavín” luego de su accidente cerebrovascular, cantando y produciendo una oleada de sollozos? Hay todo un mundo gaitero sumamente culto en estas cosas que desconocemos. Lo juzgo por éste programa que escucho ocasionalmente por la radio nacional en donde un locutor con una perfecta dicción relata anécdotas sobre Maracaibo y la gaita, y presenta una selección que nos da la impresión de ser unos ignorantes en el tema. También está Rech, que tiene sino demasiado, bastante de maracucho y que tiene más sensibilidad para la música que mucho artista piratón de facultad de universidad pública.
  8. Entrada vieja en diario: “Día veinte de octubre de dos mil quince. No hay clases en la ucv. No es importante. Hay tal cantidad de conflictos gremiales, presupuestarios y organizativos, que no tiene ningún caso referirlos. No se como es que estoy en la biblioteca de humanidades. Me dijeron que la iban a cerrar a la una de la tarde. La única puerta abierta de la facultad está semi cerrada y muy vigilada. Afuera de la universidad hay un gran caos suscitándose porque una marcha se ha salido de control como es habitual o como sea. No me importa demasiado. Ni siquiera mi propia situación individual me importa. He reflexionado poco sobre esta circunstancia. He reflexionado bien poco sobre muchas circunstancias. Al parecer mi situación es más angustiosa de lo que yo mismo puedo percatarme. O quizá no. Bueno el punto en éste sentido es que no he conseguido trabajo pero quizá el error sea mío por no saber bien cómo buscarlo. Debería estar trabajando porque no tengo ni un centavo y no hay seguridad de ningún tipo. Aún así sigo sin preocuparme demasiado. ¿Alguna vez he estado realmente cómodo o tranquilo a este respecto? Creo que nunca. Entonces no es que no me preocupe sino que estoy siempre preocupado. Como el chiste este de bruce banner en los avengers. Almorcé hoy un pedazo de torta, por poner un ejemplo.”
  9. Aún queda un poco de energía, pero sólo un poco nada más, para elegir algo como esto. Para escribir teniendo cuidado de no lamentarme. Una extraña oscuridad se proyecta, como la de unas nubes cargadas en un punto cardinal. Pero no son nubes sino que es esa la forma en la que se ve hoy la montaña. Los extraños aparatos que la ergonomía criolla ha hecho proliferar en calles y rincones retuercen mi espalda, torturan mi cuello y mis hombros. He estado caminando bajo éste cielo y éstas proyecciones y he entrado a un laboratorio en Chacao en el que me sacaron un montón de sangre. Varias botellas pequeñas. Me sentí debilitado. Caminé hasta los cortijos, comí un almuerzo que yo mismo preparé con un pollo y esos macarrones que son como cuentas o pequeños tubos y varios tipos de vegetales cocidos y cosa verde, y una sopa hecha con apio. Ahora estoy sentado en la soledad de una plaza que tiene muchos columpios de preescolar cerrado y bancos extrañamente cómodos. Son las 3:35. Pm.  Ojalá se me augurara lo que fuera. Pero uno puede augurarse algo positivo a sí mismo y eso es un descubrimiento, o más bien, todo devenir puede valorarse como positivo y ya. “todo estará bien” trae consigo un truco que no entiendo. Que uno puede hacerse el loco y declararlo todo bueno para no sufrir, pero eso es demasiado obvio. El tipo que me hizo los rayos x me advirtió sobre mi postura: “te meterán dos placas metálicas en la espalda y no podrás volver a amarrarte los zapatos”. Mientras lo dice asume una actitud sumamente aleccionadora y autoritaria. Está envestido por su propia experiencia y su gaje. Para corresponder con ello, procuro abrir redondos los ojos, bien grandes y hacerme el asustado, no vaya a pensar el pobre hombre que su día a día sí es en realidad una verdadera miseria.
  10. En fin, toda esta precariedad que he vivido en estas últimas semanas tiene algo que ver con mi mismo y mi irremediable búsqueda de una forma de vida en la que no haya que asumir responsabilidades de ningún tipo. Por supuesto no me ha ido nada bien.  Aunque no por eso no he dejado de conseguir así sea en pequeñas dosis mi objeto anhelado: a veces no he tenido ninguna obligación. Pero debo salir de este estado porque me hace daño. Es imposible contrarrestarlo o vivir con un pié en el vacío y otro en la expectativa positiva ajena.
  11. Cuando uno es un actor, más que representar a un personaje, lo que uno hace es representarse a  sí mismo mientras representa ese personaje. ¿Suena como una mierda no? Pero es eso o es a alguien que está representando un personaje, siendo ese alguien en cuestión alguno que no es uno mismo. Es decir: uno no va a representar a alguien que parece tener una psicología convincente de sí mismo. Si uno representa cabalmente al personaje quizá eso no nos representa a nosotros mismos como actores y entonces no seremos unos buenos actores. Y valdríamos quizá como personajes, si, pero no como interpretes. Y ahora en ésta época, lo importante es ser buenos actores más que buenos personajes. O bueno, dependiendo siempre del texto que uno esté representando. Si uno hace una película de Pasolini quizá si uno la acierte comportándose como un personaje. En cambio si uno es actor de una serie de televisión tipo “juego de tronos”, es más importante que uno sea un actorazo en vez de un buen personaje. Entonces uno debe sentarse a direccionar a ése personaje para ver su psicología, y luego esforzarse por pretender que uno encontró las claves de esa psicología y que luego las ejecuta con pericia. Eso es ser un “buen actor”.
  12. He visto por televisión si mal no recuerdo creo que en TLC un show sobre papás que bailan mientras sus hijos observan. ¿Por qué? Pero ¿por qué me parece algo tan vergonzoso bailar? ¿Qué será peor, que las niñas bailen o que tengan que ver a sus papás bailando? Supongo que después toda esta era será vista como un reinado de la ingenuidad, entonces en ver de producir vergüenza, produzca alguna clase de enternecimiento y esta niña lo verá de esta forma. Ojalá así sea. Y está mecánica de entrevistar brevemente a los padres antes de que bailen y que estos se refieran alas pequeñeces de su vida y del mismo concurso con esta familiaridad absolutamente falsa. Les deben estar pagando mucho. Ojalá que si, no soy religioso pero me da por rogarle mucho a dios  por esta gente. Seguro están mejor que yo. El que me conoce sabe que no soy enemigo de la danza. Porque he visto dvd’s del excelsior y muchas otras cosas piratas compradas a los buhoneros de esas que tienen una portada muy borrosa por haber sido impresa y reimpresa miles de veces en maquinas dañadas.
  13. Me he percatado de que esta persona en cuestión, llamémosla equis, a quién tengo bastante cariño, le cuesta demasiado encontrarse a sí mismo. Como que nunca ha tenido un yo. A pesar de que no es mi asunto porque debe ser un lio muy personal, pero quizá nunca ha podido ser algo bueno porque nunca he logrado arrancar a ser un hacedor. Entonces lo que termina haciendo lo hace de esa manera. Seguramente que si hay otras formas más honestas de ser. Cómo esa gente que está segura y como que se palpa a sí misma y se sabe irremediable.
  14. Creo que me he hecho demasiadas amigas. Más de lo que debería haber hecho. Es en serio. En algún momento me puse a despreciar a lo hombres y a creer que en las mujeres había más posibilidades de comprensión o qué se yo. Pero no creo que haya sido una buena experiencia. Y emocionalmente ahora soy un desastre. Me siento exactamente igual a cuando un perro me muerde, vulnerabilizado por algo a lo que tenía cariño. Aunque leo y toda esta descripción que hago parece bien chocante, no estoy generalizando a nadie, esto se trata por supuesto de unas mujeres bien específicas y en otras sigo confiando, en y. por supuesto. En s. en m. y en i. pero me siento un poco decepcionado. Por mi mismo por supuesto, por no estar a la altura. O por exigir demasiado. No entiendo demasiado bien estos sentimientos. Yo creo que hay una especie de sensibilidad en una mujer en la que uno tarde o temprano termina haciendo mella. O quizá solo sea reactividad que coincide con malas circunstancias. Pero, reactividad que va y que viene, ahora me siento muy decepcionado, porque tenía en muy alto concepto todo esto que estaba haciendo por acercarme a lo femenino en buenos términos. Pero lo femenino a lo que intento acercarme, ciertas veces me repudia. Y no creo que haya sido porque haya obrado mal, no, si lo pienso con cabeza fría, más bien se trata de que he sido, diríase intencionalmente mal interpretado (si es que algo así es posible). Un revés de ideales.
  15. Yo se que tu no te tomas de la misma manera que yo la nostalgia pero, recuerdas que la ultima vez que hablamos tocamos el tema de la librería x? aquella pequeña librería x. nos dijimos mutuamente que no habíamos vuelto a saber nada sobre aquél asunto. Que quizá pasaríamos por allí uno de estos días a constatar. Nuestra reacción fue de cierta indiferencia hacia aquello. Lo que yo te había dicho que ocurriría se había puesto en marcha apenas concluyó la primera parte de aquél terrible trabajo. Mis honorarios no fueron tan altos al final, de hecho no hubo honorarios de ningún tipo y fui estafado. (No era mi intención decírtelo) porque parece ser que los de la librería eran demasiado avispados quizá y decidieron desaparecer sin pagarme. O no es que eran demasiado avispados sino que en aquella oportunidad fui demasiado estúpido y nunca llamé para reclamarles. Y gracias a mis constantes perdidas y robos de teléfonos, no supe más nada. Igual estaban pasando bastante trabajo y no los juzgo como debería. Igual yo no cobraba honorarios profesionales y en éste país todos quieren algo. Recuerdo esta combinación de cosas que me sobresaltaron: tus mensajes racionales encallándose o despeñándose entre mi hipersensibilidad alérgica. Unos ojos llorosos detrás de un cristal, una voz suplicante y lenta. Ella estaba bajo una fuerte dosis de antidepresivos. Recuerdo como relató quizá maliciosamente, los grandes rasgos de su historia personal, recuerdo las reminiscencias innumerables de aquél sitio. Llegar pero no llegar. Llegar pero en lugar de llegar usar un teléfono público a pocas cuadras del sitio para hablar contigo. Tu partida y yo sin saber si era la partida definitiva. Por supuesto que me dolía escuchar que te ibas. No nos hablábamos desde hacía meses y yo ya me había desentendido de aquella sentimentalidad. Sufro del trauma del abandono y todo se ha traspasado o se ha trasformado y se ha convertido en un creciente dolor de abandono extrapolado a todo. Aquella coincidencia de circunstancias publicitarias entre la que me veía cuando estaba a punto de llegar al fatídico  centro comercial. Aquella coincidencia de circunstancias pueblerinas en las que me hallaba entre cada una de mis mudanzas juveniles-infantiles. La constante sensación de que se deja algo atrás siempre o de que algo me deja atrás, el primer amor repleto de significación y trauma resbaloso. No es culpa de nadie. Estuve llorando como por dos semanas seguidas. Estuve ahí porque tu lo necesitabas y por nada más. Por supuesto que me acuerdo de muchas cosas de ti pero no son las típicas cosas; ni son las cosas idealizables, es decir las cosas que me harían anhelarte y extrañarte o las partes puramente gratificantes de ti, las situaciones x o y que producirían nostalgia, ni tampoco son las necedades, lo negativo que uno escoge pensar para defenderse de una vulnerabilidad, no son los malentendidos. No es nada de eso, más bien te recuerdo en una opinión demasiado personal, en una expresividad que transmite una presencia. La presencia. Por ejemplo las opiniones que hacías de las cosas, (eliminando el estorbo de mis propias opiniones contrapuestas a las tuyas claro está) así se reconstruye a alguien y así se remueve simultáneamente a otro alguien. Unos meses después o no estoy seguro, caminaba como loco por allí buscando dónde comprar una tarjeta telefónica porque me habían vuelto a robar. Con cierto recelo me acerqué y constaté que un grupo de personas ponían avisos de vinilo en los cristales. Adentro todo había cambiado. Emplazaban cubículos, conversaban entre ellos. Una muchacha joven irónicamente parecida a ti, daba las instrucciones. Pensé que te gustaría es decir, que te habría gustado en todo caso, saber algo de eso. Ya ni siquiera se puede llegar al lugar haciendo el camino que solíamos hacer antes. Construyeron una nueva autopista y toda la fisonomía del sitio, de las calles adyacentes, ha cambiado. Si se cierran los ojos un instante todo cambiará y al día siguiente seremos otra cosa. Espero que estés bien. Quizá yo tampoco regrese más nunca a ese sitio, y ahora mismo, estoy en otro lugar completa y enteramente opuesto convertido en otra cosa completamente distinta a la que fui ése día en que fui a ver que había sido de la vieja librería y me cayó encima la gran realidad del cambió e imagine que yo era algo así como una especie de resistencia de un solo soldado. Conseguir gente especial en esta vida es una especie de condenación a lo “ranita de metán”. El mal de sí y la propia vulnerabilidad; tema de siempre.

  16. No sólo he abandonado casi totalmente el escribir, sino que no tengo idea de cómo reuniré voluntad para terminar todos esos cuentos que he empezado y que sólo toman el trabajo de escribirse, porque ya están planeados de principio a fin. La verdad es que ya no me interesa escribirlos. Sin embargo lo he tomado con gravedad, como un compromiso que no puedo eludir. El tiempo ha pasado. Es algo así como seis de diciembre de dos mil dieciséis, un año corto como una semana. Produje cebolla caramelizada, me la he ido comiendo en todos estos meses. La vida no es tan mala después de un desayuno de esta categoría, huevos y maíz tierno, pan, café de muy buen gusto cortesía de los productores locales, leche de vaca y fruta. Este bienestar tendencioso da paso a la recapitulación. Mediados de 2015; me marcho de casa de R. alejado, enemistado por imperdonables malentendidos. Termino viviendo posteriormente, arrimado, en casa de S. y F. en el paraíso, una aventura que me costará volver a repetir. Mucho “dumpster diving”, mucho tránsito por inútiles entidades del estado buscando trabajo.  Caminé incansablemente por la ciudad, llorando interminablemente por apelaciones a lo sentimental que utilizo involuntariamente contra mi mismo.  Asistí a la graduación de A. quien mientras tanto conseguía un nuevo trabajo en una agencia publicitaria en Chacao. Unos meses más allá, una breve estancia en casa de I. pero no en el cementerio sino en terrazas del Ávila, sitio del que es algo difícil entrar y salir. Quizá si investigo podría generar una cronología más exacta. Posteriormente hacia finales de dos mil quince,  marcho. a Barquisimeto primero, con mamá y después a san Felipe. En san Felipe me desenvuelvo capaz y circunstancialmente hasta finales (septiembre) de dos mil dieciséis, fecha en que decido partir hacia la granja “casa dinira” propiedad en conjunto de mi hermana y L. y acá permanezco en otra aventura esta vez de hazañas físicas y mentales. Me empleo como jornalero en el campo agrícola, oficio exigente del que he obtenido una condición física que nunca había aspirado tener (cien sacos de cincuenta kilos de cebollas al hombro todos los días, largas caminatas diarias montaña arriba) un aislamiento poderoso y más tiempo conmigo mismo del que nunca había pasado, convivencia con mi nuevo perro salchicha “Manchas” obsequio necesario para sobrevivir a la soledad. Lenguaje animal, arcos y flechas, dialecto campesino, conocimiento agrícola, aceptación social en una comunidad cerrada, entusiasmo por la construcción tradicional y la albañilería cierta tendencia romántica a la hora de  contemplar antiguas casas con aleros y patios internos y tapias. Cierta tendencia romántica de ver en lo autóctono de uno mismo y de su historia familiar de antiguos abastos poseídos por mi padre en los que crecí, en mi infancia encadenada a la imagen de mi madre y sus oficios domésticos y la radio a.m. con música lamentable que nunca ha dejado de escuchar, cierta sentimentalidad acrecentada de observarlos desenvolviéndose en sus edades avanzadas (setenta años). Para ellos la vida siempre ha sido la misma, papá trabajando como siempre en sus quehaceres comerciales, quizá con mayor empeño que nunca, quizá más irritable y medio loco que nunca, mamá sazonando ollas hirvientes en pulcras cocinas exactamente igual que siempre,  ambos están envejeciendo como bólidos y sin importarles casi nada. Y yo acá relatando sin sentir vergüenza una vida en un estilo así como el de los vagabundos del dharma pero infinitamente mas pobre.
  17. Debo describir qué cosas hago aquí ya que no encuentro ni siquiera la manera de explicarme a mí mismo cómo fue que vine a dar hasta aquí. Soy como el rey provisional de éste sitio, eso sí. Es una granja de unas dos hectáreas con una casa cómoda, con un ala a medio construir. Hace muchísimo frio y brisa porque es una montaña a dos mil metros. Vegetación de selva nublada, el sol por fin da contra uno a las nueve de la mañana por culpa de las montañas y se oculta como a las cuatro y media por la misma razón. Todo es verde por la grama y la vegetación exuberante. Hay insectos, algunos son un fastidio como esas pequeñas cositas voladoras que pican muy duro y estas orugas espantosas y erizadas de espinas y pelos urticantes que caen de todos lados. Hay muchas polillas mariposas y escarabajos inmensos. Hay mucha agua pero en verano hay poca. En este paisaje estoy yo. Siempre haciendo algunas pocas cosas, y nunca terminando las grandes cosas que debo terminar. Por ejemplo debo sustituir toda la cerca de la granja debo acondicionar la tierra para sembrarla debo. Como necesito sobrevivir de alguna manera es decir, necesito hacer intercambios comerciales y necesito dinero, trabajo en las plantaciones cercanas. El trabajo es demoledor. Sin embargo conseguí sobrevivir a las primeras semanas de adaptación espantable, y además con una buena calificación. La gente es anticuada y anacrónica social cultural y materialmente pero de alguna forma he sido muy aceptado en estas condiciones, quizá porque soy lo menos peor de entre todas las cosas que llegan hasta acá últimamente y además porque soy la única de esas cosas que ha aceptado quedarse a pesar de la terrible iniciación. Así que ostento ahora la reputación de buen trabajador. Alguien que venga de la ciudad, y que trabaje bien en el campo. Les asombra. también me asombra. Estoy seguro que si me desdoblara y me observara a mi mismo lo que vería me dejaría demasiado que desear.
  18. Suelo terminar todos los veinticuatros de diciembre redactando una especie de mensaje de mierda en el que explicito algo muy oportuno para mi mismo. El año pasado no se bien si lo redacté o no. Este año (2016) me limitaré a describir cómo fue mi día de navidad: me tuve que parar a las tres de la mañana para viajar a humocaro bajo, a el tocuyo y posteriormente a Barquisimeto. Y fue así: me dormí vestido, mi morral ya estaba armado, iba con poco peso. Tome mi lámpara de cabeza porque a esa hora no se veía nada, camine el kilómetro que me separa de la vía principal y esperé. No hay trasporte público, el autobús de este sector trabajó luego de que yo no lo necesité. Así que debía esperar una cola. A las cinco y media pasó una camioneta y me fui en el cajón, el frio era mucho y la vista del amanecer en aquellos abismos que ustedes no se alcanzan a imaginar, porque vivo en una zona muy montañosa e inaccesible, descoñetó mi espíritu o lo puso en un buen estado de alerta ante cualquier eventualidad. En humocaro agarre uno de esos autobuses antiguos y verdes que me llevo hasta Barquisimeto luego de una breve parada en el tocuyo. Ya en Barquisimeto me bajé en cualquier parte, pero más específicamente en esa esquina cerca del cementerio viejo en la que hay una tienda de cerámica (nací y crecí en Barquisimeto pero que me vaya a la mierda si sé llamar a las calles por sus nombres o números o si se dar una dirección específica) y comencé a caminar. Me dirigía hacia duaca, para estar con mi mamá que pasaría la navidad allí. No pensé en ir al terminal porque no me gustan los autobuses que salen de ahí hacia duaca. Quería tomar más bien el trasporte que sale desde el centro comercial arca. Así que caminé todo el centro. Suelo imaginar a alguien escandalizado por la distancia que camino, pero eso no es nada. puedo caminar muchísimo más por puro gusto o sin razón alguna bien sea en una ciudad cualquiera del país o a campo traviesa, sin importar abismos ni picos, porque dentro de mi mismo me creo una especie de trotamundos heroico de mierda. Ejemplos sobran, como la vez que camine desde la floresta hasta el obelisco y luego me regresé a la floresta. O como la vez que en día de la divina pastora camine  desde Cabudare hasta santa rosa, me regresé hasta Cabudare y luego volví hasta Barquisimeto. O como recientemente me iba caminando desde el paraíso, desde la plaza Madariaga hasta la ucv, veía clase y me devolvía de nuevo caminando todos los días, o como cuando me da por caminar desde hato arriba hasta barbacoas, o como cuando me quedo en la peña y llego caminando hasta hato arriba y esos dos últimos ejemplos no los entiende alguien que no sepa pero son mucho más jodidos que los anteriores. Pues atravesar el centro de Barquisimeto hasta el “arca” un veinticuatro es fastidioso por toda la gente que hay comprando cosas y este ambiente de mierda en que uno es tomado por un comprador, un ladrón o un vendedor de algo de cualquier manera. A las doce del mediodía ya estoy con mamá en duaca y sufro vértigo temporal y siento que ha sido una mañana de varios días o algo así. Por la noche llegó mi papá con unas botellas y algo tomamos, igual que siempre, sintiéndonos que más que padre e hijo éramos como dos completos extraños. Algunas personas me enviaron sms’s por motivo de las fiestas, Irena, por ejemplo. No puede quedarme hasta el treinta y uno. Me devolví a mi granja el día veintiocho. De cualquier  forma, toda este trajín de viaje, esta pueblerineidad en la que me he sumergido, la vivencia de esté tipo de vida (si suena como la mierda), que ahora estoy viviendo, en la que estoy sumergido ahora, hace que se me agote la perspectiva tonta de creer que la fecha de por si da para significar algo. La convención masiva metropolitana que me arrastraba antes hacia la expectativa y la ilusión, falsa por cierto, de que algo estaba sucediendo, si no allí, en cualquier parte, como nos lo quieren hacer notar los medios con sus precarias festividades y programaciones especiales, y las instituciones de la amistad con sus expectativas emocionales o amorosas, ya no tuvieron lugar en mi este año. Entonces todo este prejuicio trascendentalista de creer que uno debe hacer una reflexión por ser veinticuatro de diciembre o porque es una tradición de mi mismo, se fue al carajo. Es un día igual que cualquier otro y nada de esto importa y sí, esa es mi reflexión de navidad de este año, que este año no hay ninguna reflexión.
  19. Alguna vez has sentido, I, que uno es una gran cosa provechosa para otro y que uno no está sino a la larga desperdiciándose en toda esta actitud de permanecer fiel, a sí mismo, presente, para si mismo y etcétera? Hoy es primero de enero. Me dedico a hacerte algo así como una lista de reproducción noventosa. Ya van dos veces que me agarra el primero de enero aquí, alimentando una entrada a este blog. Y esto de la gran cosa provechosa, me refiero a que hoy ha sido un buen día también en términos de mí mismo. Quizá es esta música que lo deja a uno con todas estas conmociones medio engañosas. Hace muchísimo frío, te conté lo de las pulgas del perro y de los vecinos que se han dedicado a darle mucha comida, tuvimos esa conversación sobre los estómagos de los perros que al parecer pueden girar sobre sí mismos y estrangularse en sus extremos como los gurrufíos provocando la muerte, pues la tarde envejeció rápido. sobrevino la noche con una luna perfecta como una sonrisa de gato y un cielo de un color que no era negro porque la zona eclipsada de la luna se definía claramente contra ese otro color. Me hallé a mi mismo atravesando todo eso con mi lámpara en la cabeza, la misma de la foto famosa con mi difunto perro salchicha antecesor de éste perro salchicha, me hallé a mi mismo atravesando la noche con toda esta conmoción mentirosa pero también real de música en los audífonos y hacía muchísimo frío como te estoy comentando y me sentí más vivo que nunca, no cargaba ninguna chaqueta ni abrigo ni un carajo pero la música mentirosa ésta me hacía sentir que podía atravesar el bosque entero provisto sólo de ella. Me invadía una alegría sin historia. Y de nuevo la sensación ésta de que algo se pierde, la sensación de ser grande y no tener con quien compartir esa grandeza. No soy imbécil, se que no hay tal grandeza. Pero ahí está esa emoción de todas maneras. El payaso que vive dentro de mi me susurra un poco esa cita de patricia highsmith que no recuerdo exactamente algo como que es difícil vivir sin hacerle un apropiado teatro a otro, al otro para el que todo esto es especial o ideal o significativo. En este caso adolezco mucho de todo esto. Pero es esta tonta emoción. Nada de eso es real, me contradigo y cuando por ejemplo los italianos me invitaron a pasar el treinta y uno de diciembre con ellos en su casa, les dije que si pero por dentro me decía que no. No iría porque es prácticamente una familia desconocida y me avergüenza estar ahí de advenedizo por más bien que les haya caído y porque es mi primer treinta y uno de diciembre en la más absoluta soledad. Es un gusto estar así. En el fondo lo único que disfruto de esas convenciones es la comida de los usuales banquetes, la comunión con algunos amigos (Elvin, mi hermana) si el alcohol propicia esta comunión lo disfruto también pero no coincide nunca nada de eso. El alcohol no es más que un ingrediente chistoso que uno se agrega para hacer mejor el ridículo frente a algunos escogidos. Y estos escogidos no siempre están. Casi nunca, o han estado pocas veces y algunos desaparecerán progresivamente hasta que no existan.
  20. Sueño entonces que voy caminando por una ciudad muy parecida a caracas. Camino por las calles como un zombi aletargado de narcóticos, en un estado de completa autoconmiseración, llorando tendidamente bien sea por mi mismo o por la belleza inasible-estúpida que trae consigo la suntuosidad del existir o por un combinación de motivos. Más que caminar, me tambaleo o doy pasos entrecortados mientras me sorbo los mocos, como en una de danza acompasada, y con la mirada neutralizada en un punto miope. Escucho voces y veo que se me convoca por mi nombre hacia una especie de local de centro comercial que tiene algo de peluquería porque hay muchas mujeres en él y el ajetreo que hay es semejante al que tienen las peluquerías. Pero realmente las mujeres allí se encuentran cantando karaoke y alguien desde dentro me hace señales para que entre en el local, es algo así como una actriz o modelo muy popular que reconozco, es muy bella y se dirige hacia mi con mucha familiaridad, haciéndome ver que me conoce desde antes. Yo dudo pero entro y accedo luego de muchas propuestas a cantar una canción y todas estas muchachas ríen y están muy felices como en una publicidad. De pronto afuera empiezan a aparecer malandros que corren y cargan consigo objetos diversos como en un gran saqueo o un robo colectivo. Algunos de estos malandros se detienen y golpean los vidrios con sus armas y blanden cuchillos y fajos de billetes, en señal de que hay que acceder a ser robados. Las chicas de inmediato asumen un carácter sumamente grave y serio y ocupado, arrastran sillas, apagan luces y mueven objetos de sitio y con ello en unos segundos todo queda cerrado y vacío y súbitamente también el sitio mismo se trasforma y las paredes y el centro comercial  y el local mismo se esfuman y quedo sentado en una esquina de una calle absolutamente pueblerina, bajo un árbol de mamón. Me levanto entonces de allí y camino un poco más hasta llegar a un calle cercana en la que hay una panadería grande. Siento que tengo hambre pero no tengo el dinero suficiente para comprar sándwiches allí, solo tengo mil bolívares. Sin embargo alguien me hace notar que si busco bien puedo comer algo con eso. Entonces reviso los anaqueles en los que hay  muchas viandas preempacadas, comidas de todo tipo valor y características. Apenas encuentro algo de buen precio, se me presenta otra opción que me hace dudar. De esta forma entro en una espiral de indecisión. En esto golpeo con torpeza unas botellas que se rompen contra el piso. El encargado más cercano es muy parecido al muchacho de la película “la vida de pi”, me observa con total indiferencia. Se levanta sin decir nada para buscar una escoba y enseres para limpiar. Yo lo intercepto y le propongo encargarme de esa limpieza, ya que es lo mínimo que podría hacer en vista de no tener el dinero para pagar lo que rompí. Me dice con toda frialdad que con limpiar aquel desastre, será suficiente. Así que lo limpio y me marcho pero una vez en la calle me doy cuenta de que no compré nada.  Sigo con el dinero en el bolsillo y mucha hambre. Continúo caminando y al rato me percato de que soy una especie de keanu reeves. Invulnerable a algo que no sé que sea y muy vestido de negro. La prueba de ello es vuelo, desaparezco y realizo otros trucos de ese estilo. Además, la realidad va tomando parecido a un videojuego. Con texturas, efectos visuales reconocibles de videojuego y una especie de ruta trazada que debo completar. Debo sortear obstáculos, adivinar azarosos itinerarios de autobús, y atravesar una gigantesca gruta muy particular que se encuentra en la montaña más alta de la ciudad, a lo largo de cuya apertura se han emplazado carteles tan gigantescos que pueden leerse a simple vista desde los puntos más alejados. Estos carteles traen mensajes como “PELIGRO” , “SÓLO ESPELÓLOGOS PROFESIONALES”, y el más elevado y grande todos “GUARIDA DE ESTAFADORES”. Esta gruta me inspira un respeto temeroso por la longitud de su apertura de varios cientos de metros, lo inaccesible de su ubicación y su alarmante semejanza con una diabólica expresión. Me hace temer pero entonces recuerdo que ya no me encuentro en mi estado vulnerable de antes, o que si lo estoy, pero ya no importa porque además me hallo en modo keanu reeves. Así que me pongo en marcha hacia ella. La gruta lleva hacia las profundidades del país, y por dentro no consiste más que en colosales catedrales de piedra donde reina la absoluta oscuridad.  Eventualmente la cueva tiene una salida hacia el fondo del mar. En las profundidades del golfo me encuentro con un monumental aparato parecido a un rayo mortal de tesla que periódicamente dispara un fino haz hacia un sistema de espejos dispuesto de manera creciente en altura y en distancia cuya función es proyectar dicho haz hacia un punto indefinido. No acierto a hacer nada con todo eso así que después de meditarlo un rato deduzco que debo dejarme disparar por el dispositivo y eso hago. El rayo me trasporta con él agregándome a su masa y desplazándome vertiginosamente por los espejos conjuntamente con muchos otros individuos, en algo así como una especie de túnel de velocidad de Sonic repleto de almas en pena. Voy cobrando conciencia en calle urbana o semiurbana y antigua en la que me espera el diablo o satán, pero femenino e hipersexualizado tal como en estética de videojuegos y la lucha contra ella consiste en defenderme de un acorralamiento de reproches y remilgos de pareja más o menos implacables. Al parecer soy derrotado y enviado a un menú de inicio que me ofrece varios cadillacs convertibles como vehículos. Algunos son de acero reforzado y otros son de piedra, más pesados y más difíciles de destruir.
  21. Lo malo de que los televisores ya no sean cúbicos es que no se les puede poner mantelitos de crochet encima.
  22. Cada vez que recibimos una llamada equivocada es porque el azar nos convenía para ganar la lotería y no la compramos.
  23. Corcovado de  tom jobin en un atardecer metalizado con viento bastante frio. Como cuando uno está en la laguna de mucubají de noche comete el error de comprarse un té helado. Y cómo es de fuerte el viento!. de pronto lo siento: estoy por mi cuenta, solo, de verdad, ahora si definitivamente solo. Como si este fuera el momento preciso en que me percato de ello con convicción, o que a mi cerebro le entra por aceptarlo. Pero no es por esta soledad, sino que es como si ahora de verdad no me quedara nadie. Ni una mano o un hombro. He sentido esto antes. Cuando salí de mi casa con diecisiete años a vivir en Mérida aventurándome y sin tener nada más que un triste cupo para estudiar letras. Ni una sola persona. Nadie. Hubiera querido acercarme a alguien que pudiera entregar un consuelo o  paliativo a la creciente frialdad. Los años turbulentos e inseguros de la adolescencia. Salí de un enclaustramiento, de un padre tiránico y una madre dulce e ingenua. Hubiese querido poder tener a alguien en aquella época, que me echara una mano. Me entristece (ahora) repasar que no hubo nadie. Me tuve que regresar a casa de mamá. Luego me volví a mudar solo. Vino el primer amor insuperable y su fracaso que me dejó persiguiendo algo medianamente específico durante algunos años. La aceptación quizá, la legitimidad que no obtuve ante ella y que debía obtenerse ante algún otro alguien o cosa. Luego me dediqué a retroalimentarme, viajé a muchos lados, hice amigos y la vida fue algo aceptable. Una especie de guión con una verosimilitud de acciones regular. Hasta este día de hoy en que siento que volví de nuevo al punto de partida y que ahora estoy de nuevo por mi mismo. Ya no hay amigos o relaciones milagrosamente provechosas o enriquecedoras. Reconstruyendo unas viejas certezas y convicciones que pesan y se sopesaban como algo poderoso. Una voluntad más o menos poética a través de emociones viejas. Unas nostalgias, lirismos y soledades. La historia personal intransferible que igual no puede importar a nadie más que al sí mismo.

Me adaptaré a los tucanes

septiembre 26, 2015

Me adaptaré a los tucanes

exactamente como el símbolo rosa de la vida
se adapta para no representar
sinó sólo aquello que la realidad amerita.

Me adaptaré a los tucanes
como la fantasía de poseer algo deseado
se adapta
a sus miles de formas súbitas

de eliminación propia.


poema no. 2015

septiembre 10, 2015

si alguno de ustedes, lectores, tiene algún trabajo para mi
justamente remunerado y con beneficios de ley

llámenme

04241527866

Quisiera haber podido

septiembre 3, 2015
Quisiera haber podido hacer mía
(haber hecho mía)
Esta belleza kitsch de estrellitas
(Parecidas a las adhesivas que venden para la pared, que brillan en la oscuridad)
pero que se ponen en la ropa.
 
Es decir
esa fabricación juvenil
apta para cuando se tiene quince sólo.
 
Quisiera haberla utilizado, digo
en el momento justo de mí mismo
en el que hubieron de coincidir
dentro
de mi o fuera
todas las oportunidades.

locura bicicleta violencia fin del yo

julio 3, 2015
  • Comienzo pensando que debería tener una lista de cosas sobre las que debo trabajar o escribir para trasladarlas a Barquisimeto. No, realmente no era eso lo que pensaba. En realidad, en vez de pensar nada imaginaba algo. Y lo que imaginada era que estaba loco y que me hallaba con Y.A.S. y que una acompañante de ella, quizá su amiga, me escuchaba. Y que lo que trataba de comunicar era un montón de emociones que ni yo mismo comprendía. Y que una ex novia, o. hacía para mi pequeñas tareas ocasionales de las que yo era incapaz. Esa emoción de estar loco y saberlo era sobre lo que pensaba. Dormí toda la tarde. Como desde las ocho hasta las tres. Ahora hay una desagradable fiesta de dos o tres borrachos que cantan muy mal viejas canciones y seguramente juegan domino. Escribir sobre algo trivial será el único acto que tendrá continuidad a través de mi vida.
  • Iba en la bicicleta y paf, me caí. Al aterrizar el brazo izquierdo se retuerce por querer apoyarlo durante la caída. Hago el resto del camino a pie. El dolor es insoportable y dedico el resto del día a buscar agua infructuosamente, ir al médico y emborracharme, en ese orden.
  • Pienso en que cada cual debe tener conceptos propios que no comparte con los demás porque es consciente de la incompatibilidad de sus ideas con las ajenas. Ideas más propiamente que conceptos. Así que, ¿Cuál será el secreto de x. sobre x cosa? Que es la amistad para x y el amor para y. estoy en esta obviedad, borrachísimo. Como llegue a emborracharme, los muchachos, Y. y R. y yo, vemos algo como “el señor de los anillos la desolación de smaug” en bluray. Pero no tengo ni idea de lo que está sucediendo en la película. El dolor en el brazo es insoportable. Alguien me embadurna en él alternativamente “icyhot” y árnica. Y otro alguien me improvisa un cabrestillo. idiota sensación de felicidad por el alcohol y de pronto sucede eso de que al parecer mi cuerpo ya no admite más alcohol y tengo que vomitarlo. Abrazo la taza de la poceta y me siento mucho mejor. En el trascurso de los otros días estoy prácticamente discapacitado y dormir es difícil. no somatizo la recuperacion.
  • Ronda a través de mi esto que leí en algún sitio sobre las ciudades. La ciudad gringa de la que siempre se ha hablado en la que hay demasiada violencia. El barrio honkones, y caracas nuestro propio caos. Y los pueblos que sabemos “han caído en desgracia”. La insistencia del espectáculo en el primer ejemplo. Y así. Súbitamente recuerdo no sé por qué mi mano en cada una de esas situaciones. O hace un año o más un día en que tome un solitario taxi de regreso a mi casa después de salir de casa de o. la memoria y sus imbricaciones. Pero algo con la nocturnidad debe haber. Recuerdos vagos. Las idealizaciones de una experiencia x con respecto a la misma vaguedad del recuerdo. La vaguedad fundamentada en la enigmática precariedad de la memoria (o de la confusión de la memoria) en la niñez. Por ahí va la cosa.
  • Me parece medianamente preocupante no tener nada que hablar con mi mama. Con mi papa mucho menos, y que estas “vacaciones” son un desastre. Demasiado cortas. Aunque con cosas bonitas y raras como por ejemplo esta llamada de G.N.. lo único que saco en el limpio de ella es esta cuestión de frontera del año en que se siente como si uno fuese capaz de disponer de mucha voluntad para poder administrarla el antojo de algo. De muchísima posibilidad. La moral fregando porque a nada útil se llega en ningún año. Así que imagino que en encauzo mi voluntad a través del tobogán de la satisfacción algo llegara. Mi graduación, por ejemplo. Mi carrera en la u. es como uno de estos carros deshechos que pasan por los reality shows estos que me la paso viendo echado todo el día acá en Barquisimeto, unos autos desastrosos para los que se necesitan un escuadrón de tatuados ridículos para remodelarlo. En mi caso sería únicamente para que ande tan solo.
  • El yo se va a agotando. Por eso hay que apuntar ahora a la literalidad, es decir, a contar cosas que nunca han sucedido. Imaginación para ser mentiroso. Y técnica, si, técnica y no estilo. Estilo es una palabra odiosa. Así que de ahora en adelante me propongo a escribir menos sobre mí y más sobre la nada.
  • ¿En la forma toda en la que idealizo a G.N. no existirá también una manera de demostrar o asegurar su propia idealización hacia mi a través de la impresión de que esa idealización es parte de una totalidad intuible demostrada de la que vendría a ser solamente una parte la misma idealización?
  • Abro los ojos en san Felipe, Yaracuy. Lo cierro en el junquito, Vargas. Todo en un mismo día.
  • Sé que esto podría significar cualquier cosa a estas alturas. Faltan paginas para terminar o concluir la historia principal que se relata acá. No sé qué día es hoy, pero sé que es otro fastidioso año más en el futuro; 2015. Es febrero y día domingo ¿de carnaval? O un fin de semana anterior a los usuales dos días de carnaval. Dónde? En caracas aun como un idiota. Porqué mi insistencia en que este sea mi lugar de residencia? Ya no tengo ni una idea clara de que fue lo que me hizo venir hasta acá, es igual, sospecho que aventurarme un poco, ha pasado de todo. Vivo con los Suarez-lobo, tratando de convivir con sus manías compulsivas, en casa de Roberto atencio que decidió irse del país a vivir en sus país natal. Trabajo donde mismo pero debería hacer algo por cambiar esta situación de vivir y trabajar en los mismos sitos desde hace tanto tiempo. Sigo solo. Preocupándome por las mismas cosas inútiles de siempre. Los más cercanos a mi vida en este momento; c. I. ya no está A, y a veces creo que nunca lo estuvo. Siempre lejana e indiferente casi a todo lo que no fuese ella misma y sus necesidades. Como debe ser, quizá. Tengo treinta años.
  • El año pasado, recuerdo, quizá fue más bien el antepasado, me preocupe por llevar una relación cuidados de cada SMS que una chica de la que estaba muy enamorado m enviaba. Hoy he revisado todos esos sms’s. y he terminado pensando en ella de una forma mucho más distinta a la habitual. Ha sido un terrible día, como casi todos los días, y he tenido que poner a prueba mi paciencia ante la pequeñez de todo. Y el resultado has sido que he ahora lo malo anda resaltando repugnantemente en cada cosa y, como siempre ando pensando en mis idealizadas ex novias, hoy las he odiado y no poco. He recordado los desaires de una, la indiferencia de otra, el mal humor crónico de la otra. Ni siquiera están aquí para intentar pasarles factura, y ya no estarán, ni siquiera saben de mi odio secreto, porque nunca reaccione así cuando estaba con ellas.
  • Desconfío de la gente que no toma agua desesperadamente como yo cada cinco minutos.
  • Nunca tengo lapicero. Tuve que ir lejísimos a comprar este.
    La frescolita que tome tenia tartrazina y ahora ha empezado el dolor de cabeza.
  • La remodelada biblioteca. Es lo mismo pero con cámaras por todos lados para que nadie pueda robarse ningún libro. Por cierto la idea detrás de esto debería ser proteger a los libros y no la punitividad.
  • Hizo frio anoche. Hizo frio anoche. Ojala hoy haga más. Volví a usar pijama después de 18 años.
  • La mala alimentación me va a liquidar. La ansiedad nerviosa me va a liquidar La ansiedad nerviosa nos va a liquidar. La gente no entenderá que bailar coreografías pop en plaza cubierta es infinitamente vergonzoso? Los tipos que trabajan de vigilantes de algo no entenderán que piropear muchachas es sumamente negativo para sus propias elegancias? Se besan y estudia, se besan y estudian, se besan y estudian. Ya verán.
  • La muerte es buena según guiguestein.
  • Falta energía para escribir. Es algo así como sábado 27 de marzo. Día en que cumple G.N. no sé porque no tengo teléfono o cargador para cargarlo.
  • Estuve trabajando en el negocio de las películas de bellas artes todo el día. Gane algún dinero, vi una película, la de thomas pynchon. Nada mal pero debe verse con más calma. La dieta de hoy; pastelitos con malta y con agua mineral.
  • Medio día. Se vuelve a nublar todo. Sobrevendrá la lluvia.

Jamás iré allí de nuevo

noviembre 28, 2014

Quería divertirme
Pero cuando fui a sentirme alegre
y a contar chistes y bailar
alguien odioso me puso una zancadilla
y caí al piso.
Me rompí la cabeza
y me tuve que ir
con el rostro rojo de sangre.

Una pequeña reflexión sobre la experiencia y la expectativa de la Revolución Cubana en el manifiesto “Palabras Urgentes”

octubre 2, 2014

En el manifiesto “Palabras Urgentes” (1970), los poetas Jorge Pimentel y Juan Ramírez Ruíz a nombre del movimiento “Hora Zero” expresan su posición y manifiestan su atención en la revolución cubana: “compartimos los postulados del marxismo-leninismo, celebramos la revolución cubana. Estamos atentos a lo que esta está haciendo en el país” (1) partiendo desde esta afirmación quizá puedan indagarse ciertos aspectos.

El primero de ellos sería la forma en que la revolución cubana pudo constituirse como ejemplar para el movimiento de vanguardia. La revolución inició en 1959  encabezada por el abogado (brillante, quizá) Fidel Castro Ruz, y gozó de popularidad hasta la primera reforma agraria aunque siempre estuvo opuesta a la administración Americana. La revolución fue definiéndose poco a poco como marxista mediante medidas como estas. Las operaciones de Estados Unidos destinadas a contrarrestar la revolución fueron encontrándose con el escollo representado por el gran apoyo popular que poseían los guerrilleros. En la conferencia tricontinental de la Habana (1966) Castro presentó un discurso titulado “la segunda declaración de la Habana”, Castro por cierto podía extenderse durante cinco o seis horas y era hábil manejando un lenguaje lleno de figuras retóricas:

Con esta humanidad trabajadora, con estos explotados infrahumanos, paupérrimos, manejados por los métodos de fuete y mayoral, no se ha contado o se ha contado poco.  Desde los albores de la independencia sus destinos han sido los mismos:  indios, gauchos, mestizos, zambos, cuarterones, blancos sin bienes ni rentas, toda esa masa humana que se formó en las filas de la “patria” que nunca disfrutó, que cayó por millones, que fue despedazada, que ganó la independencia de su metrópoli para la burguesía; esa, que fue desterrada de los repartos, siguió ocupando el último escalafón de los beneficios sociales, siguió muriendo de hambre, de enfermedades curables, de desatención, porque para ella nunca alcanzaron los bienes salvadores:  el simple pan, la cama de un hospital, la medicina que salva, la mano que ayuda.(…) Pero la hora de su reivindicación, la hora que ella misma se ha elegido, la vienen señalando con precisión ahora también de un extremo a otro del continente.” (2)

Tenemos entonces que la una de las más importantes ilusiones del siglo XX ha sido el marxismo. No olvidemos las visitas de Vallejo a Rusia, de Isadora Duncan, de intelectuales como Wittgenstein. O las declaraciones de Charles Chaplin a favor del comunismo. Una de las más grandes ensoñaciones, que por cierto, ha cesado por completo: Pero inscribirse  en el marxismo era una forma de participar en la esperanza. Fidel castro da cuenta en algunos casos de un sentimentalismo que ha perdurado en la mayoría de los fenómenos relacionados con el marxismo latinoamericano en nuestros días. O esta emotividad es el anuncio de un compromiso quizá necesario en medio de la lucha política, o se trata simplemente de una consecuencia de la misma esperanza, una intensidad casi manufacturada o elaborada a partir de una retórica necesaria.

Continuando con esta entrecortada reflexión tenemos que llamar la atención sobre el antecedente histórico directo de la revolución cubana; o mejor diríamos sobre la justificación de esta ensoñación arriba mencionada. Pero para elaborar esta idea hay que remontarse hasta la Revolución Rusa. Decir además “marxismo-leninismo” equivale a decir Revolución Rusa. ¿Es posible hacer un acercamiento entre Latinoamérica y Rusia? En un principio parecería riesgoso, ya que la revolución cubana logró más bien poco en comparación con la revolución Rusa, sin duda, una revolución decididamente industrial. Los grandes crímenes perpetrados por el estado soviético podrían hacer dudar sobre esa misma legitimidad. Mientras en Latinoamérica ese proceso vertiginoso de revolución técnica jamás tiene lugar, sin lugar a dudas por circunstancias económicas. Pero es en las etapas más primigenias de la revolución en las que parece válido hacer un acercamiento entre las dos experiencias. En Rusia se sucede una sublevación popular rápida como resultado de una acumulación constante de presión sobre la aristocracia (1905). Es un gran movimiento desde abajo y que supone además el apoyo de las clases medias, y de los estratos medio-altos de la sociedad. No solo se sublevan los pobres sino que también los burgueses y los funcionarios. Los Soviets se transformaron en la vanguardia de ese proceso; una forma de organización comunal que constituyó la fuerza que legitimó la revolución. Los Soviets como organizaciones comunales que se encargaban en una buena medida de solucionar los problemas infraestructurales giran alrededor de las industrias ya abundantes. Es en este contexto en donde, además, aparece el activismo estudiantil. Muchos de los soviets estaban compuestos por estudiantes. Aparece la figura del estudiante de medicina que abandona la universidad para aplicar lo que sabe en los Soviets. Es en ese sentido que el estudiante como exponente y participante de las capas medias puede ejercer un activismo ético e idealista en el Soviet, organización eminentemente obrera.

En buena medida este repaso por la etapa primigenia e idealista de la revolución puede servir como un justificativo para el espíritu Revolucionario latinoamericano. El intelectual es entonces el “orgánico” propuesto por Gramschi. Pone su saber en un contexto productivo Revolucionario, ya sea organizando por ejemplo, una representación teatral o una lectura entre los trabajadores. ¿Porqué no otros movimientos entonces, captan la atención de estos idealistas éticos y son transformados respectivamente en “ensoñaciones”? la comuna de París, la sublevación Húngara de 1848, o la Revolución Americana también poseyeron una respaldo en muchas capas sociales, pero esta identificación no era semejante a la experiencia de la revolución soviética. Quizá sea porque, en su origen la revolución Rusa alegaba una búsqueda de organización y no un estado de poder.  Y la perspectiva de hacer que la vida fuese posible tan solo con la organización  de una comunidad sin depender del estado burgués, planteada como un objetivo, también es un objetivo Revolucionario y no estrictamente materialista, sino también espiritual. Más tarde, el trabajo posterior de Lenin, a nivel teórico y filosófico, serviría para modelar el objetivo en el ya conocido de “el fin de la lucha de clases”.

¿Y el caso latinoamericano? Habría que considerar el periodo comprendido entre los años 1900 y 1960, aproximadamente, cuando un gran florecimiento de la cultura latinoamericana tuvo lugar. Los artistas latinoamericanos fueron a Europa a dictar cátedra. Fue la época de los grandes pintores, científicos, poetas. Era un progreso que demostraba gran diversidad de participantes, un florecimiento que era posible solo a partir de un movimiento excepcional operado entre todos los aspectos que conformaban dicha sociedad. Un Rubén Darío con un origen provinciano y un Vicente Huidobro aristócrata, pasando por un Pablo Neruda hijo de un obrero ferroviario y una maestra de escuela. El pintor siempre pobre que fue Armando Reverón participando activamente en la renovación de la pintura. Desde los sectores humildes hasta las clases medias y acomodadas, persistió una participación de las masas en la cultura. Todo este movimiento popular de vocación progresista, aunque a la larga terminara derivando en unos casos en democracias liberales y burguesas, y en otros casos en las grandes aperturas políticas populistas terminadas a  golpe de estado, podría dar cuenta de todo el poder de cambio de un movimiento cultural ligado a un gran auge de las capas medias de la sociedad, y de una actividad cultural que atraviesa todos los estratos sociales. Parece posible entonces establecer un acercamiento entre el caso ruso y el latinoamericano, y con ello parece posible entender la adhesión de la vanguardia a la revolución cubana, ya no solo como ejemplaridad de actos, sino como posibilidad a futuro de progreso.

La revolución entonces puede pensarse como un gran estado de presión o de tensión que desencadena un movimiento popular que por cierto, modifica al estado mismo. Y entonces el arte aportaría más a esta trasformación. Esta pequeña reflexión es fundamentalmente idealista también, dado que el análisis que hemos propuesto no podría soportar una aguda observación empírica. Sin embargo proponemos en este caso que, al hablar de la voluntad Revolucionaria de un pueblo, (sin importar en qué ideología se halle inscrita) estaríamos ante un fenómeno que no se dejaría reducir por la simple racionalidad de un juicio valorativo, de que la revolución fue catastrófica en términos generales.

Referencias

1.- “Palabras Urgentes”, Primer manifiesto del movimiento “Hora Zero”. Obtenido de http://lacomunidad.elpais.com/horazero/2007/6/6/palabras-urgentes-primer-manifiesto-hora-zero-1970-

2.- Segunda declaración de la habana, discurso de Fidel Castro pronunciado en la Asamblea General el 4 de febrero de 1962. Obtenido de http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1962/esp/f040262e.html