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Una pequeña reflexión sobre la experiencia y la expectativa de la Revolución Cubana en el manifiesto “Palabras Urgentes”

octubre 2, 2014

En el manifiesto “Palabras Urgentes” (1970), los poetas Jorge Pimentel y Juan Ramírez Ruíz a nombre del movimiento “Hora Zero” expresan su posición y manifiestan su atención en la revolución cubana: “compartimos los postulados del marxismo-leninismo, celebramos la revolución cubana. Estamos atentos a lo que esta está haciendo en el país” (1) partiendo desde esta afirmación quizá puedan indagarse ciertos aspectos.

El primero de ellos sería la forma en que la revolución cubana pudo constituirse como ejemplar para el movimiento de vanguardia. La revolución inició en 1959  encabezada por el abogado (brillante, quizá) Fidel Castro Ruz, y gozó de popularidad hasta la primera reforma agraria aunque siempre estuvo opuesta a la administración Americana. La revolución fue definiéndose poco a poco como marxista mediante medidas como estas. Las operaciones de Estados Unidos destinadas a contrarrestar la revolución fueron encontrándose con el escollo representado por el gran apoyo popular que poseían los guerrilleros. En la conferencia tricontinental de la Habana (1966) Castro presentó un discurso titulado “la segunda declaración de la Habana”, Castro por cierto podía extenderse durante cinco o seis horas y era hábil manejando un lenguaje lleno de figuras retóricas:

Con esta humanidad trabajadora, con estos explotados infrahumanos, paupérrimos, manejados por los métodos de fuete y mayoral, no se ha contado o se ha contado poco.  Desde los albores de la independencia sus destinos han sido los mismos:  indios, gauchos, mestizos, zambos, cuarterones, blancos sin bienes ni rentas, toda esa masa humana que se formó en las filas de la “patria” que nunca disfrutó, que cayó por millones, que fue despedazada, que ganó la independencia de su metrópoli para la burguesía; esa, que fue desterrada de los repartos, siguió ocupando el último escalafón de los beneficios sociales, siguió muriendo de hambre, de enfermedades curables, de desatención, porque para ella nunca alcanzaron los bienes salvadores:  el simple pan, la cama de un hospital, la medicina que salva, la mano que ayuda.(…) Pero la hora de su reivindicación, la hora que ella misma se ha elegido, la vienen señalando con precisión ahora también de un extremo a otro del continente.” (2)

Tenemos entonces que la una de las más importantes ilusiones del siglo XX ha sido el marxismo. No olvidemos las visitas de Vallejo a Rusia, de Isadora Duncan, de intelectuales como Wittgenstein. O las declaraciones de Charles Chaplin a favor del comunismo. Una de las más grandes ensoñaciones, que por cierto, ha cesado por completo: Pero inscribirse  en el marxismo era una forma de participar en la esperanza. Fidel castro da cuenta en algunos casos de un sentimentalismo que ha perdurado en la mayoría de los fenómenos relacionados con el marxismo latinoamericano en nuestros días. O esta emotividad es el anuncio de un compromiso quizá necesario en medio de la lucha política, o se trata simplemente de una consecuencia de la misma esperanza, una intensidad casi manufacturada o elaborada a partir de una retórica necesaria.

Continuando con esta entrecortada reflexión tenemos que llamar la atención sobre el antecedente histórico directo de la revolución cubana; o mejor diríamos sobre la justificación de esta ensoñación arriba mencionada. Pero para elaborar esta idea hay que remontarse hasta la Revolución Rusa. Decir además “marxismo-leninismo” equivale a decir Revolución Rusa. ¿Es posible hacer un acercamiento entre Latinoamérica y Rusia? En un principio parecería riesgoso, ya que la revolución cubana logró más bien poco en comparación con la revolución Rusa, sin duda, una revolución decididamente industrial. Los grandes crímenes perpetrados por el estado soviético podrían hacer dudar sobre esa misma legitimidad. Mientras en Latinoamérica ese proceso vertiginoso de revolución técnica jamás tiene lugar, sin lugar a dudas por circunstancias económicas. Pero es en las etapas más primigenias de la revolución en las que parece válido hacer un acercamiento entre las dos experiencias. En Rusia se sucede una sublevación popular rápida como resultado de una acumulación constante de presión sobre la aristocracia (1905). Es un gran movimiento desde abajo y que supone además el apoyo de las clases medias, y de los estratos medio-altos de la sociedad. No solo se sublevan los pobres sino que también los burgueses y los funcionarios. Los Soviets se transformaron en la vanguardia de ese proceso; una forma de organización comunal que constituyó la fuerza que legitimó la revolución. Los Soviets como organizaciones comunales que se encargaban en una buena medida de solucionar los problemas infraestructurales giran alrededor de las industrias ya abundantes. Es en este contexto en donde, además, aparece el activismo estudiantil. Muchos de los soviets estaban compuestos por estudiantes. Aparece la figura del estudiante de medicina que abandona la universidad para aplicar lo que sabe en los Soviets. Es en ese sentido que el estudiante como exponente y participante de las capas medias puede ejercer un activismo ético e idealista en el Soviet, organización eminentemente obrera.

En buena medida este repaso por la etapa primigenia e idealista de la revolución puede servir como un justificativo para el espíritu Revolucionario latinoamericano. El intelectual es entonces el “orgánico” propuesto por Gramschi. Pone su saber en un contexto productivo Revolucionario, ya sea organizando por ejemplo, una representación teatral o una lectura entre los trabajadores. ¿Porqué no otros movimientos entonces, captan la atención de estos idealistas éticos y son transformados respectivamente en “ensoñaciones”? la comuna de París, la sublevación Húngara de 1848, o la Revolución Americana también poseyeron una respaldo en muchas capas sociales, pero esta identificación no era semejante a la experiencia de la revolución soviética. Quizá sea porque, en su origen la revolución Rusa alegaba una búsqueda de organización y no un estado de poder.  Y la perspectiva de hacer que la vida fuese posible tan solo con la organización  de una comunidad sin depender del estado burgués, planteada como un objetivo, también es un objetivo Revolucionario y no estrictamente materialista, sino también espiritual. Más tarde, el trabajo posterior de Lenin, a nivel teórico y filosófico, serviría para modelar el objetivo en el ya conocido de “el fin de la lucha de clases”.

¿Y el caso latinoamericano? Habría que considerar el periodo comprendido entre los años 1900 y 1960, aproximadamente, cuando un gran florecimiento de la cultura latinoamericana tuvo lugar. Los artistas latinoamericanos fueron a Europa a dictar cátedra. Fue la época de los grandes pintores, científicos, poetas. Era un progreso que demostraba gran diversidad de participantes, un florecimiento que era posible solo a partir de un movimiento excepcional operado entre todos los aspectos que conformaban dicha sociedad. Un Rubén Darío con un origen provinciano y un Vicente Huidobro aristócrata, pasando por un Pablo Neruda hijo de un obrero ferroviario y una maestra de escuela. El pintor siempre pobre que fue Armando Reverón participando activamente en la renovación de la pintura. Desde los sectores humildes hasta las clases medias y acomodadas, persistió una participación de las masas en la cultura. Todo este movimiento popular de vocación progresista, aunque a la larga terminara derivando en unos casos en democracias liberales y burguesas, y en otros casos en las grandes aperturas políticas populistas terminadas a  golpe de estado, podría dar cuenta de todo el poder de cambio de un movimiento cultural ligado a un gran auge de las capas medias de la sociedad, y de una actividad cultural que atraviesa todos los estratos sociales. Parece posible entonces establecer un acercamiento entre el caso ruso y el latinoamericano, y con ello parece posible entender la adhesión de la vanguardia a la revolución cubana, ya no solo como ejemplaridad de actos, sino como posibilidad a futuro de progreso.

La revolución entonces puede pensarse como un gran estado de presión o de tensión que desencadena un movimiento popular que por cierto, modifica al estado mismo. Y entonces el arte aportaría más a esta trasformación. Esta pequeña reflexión es fundamentalmente idealista también, dado que el análisis que hemos propuesto no podría soportar una aguda observación empírica. Sin embargo proponemos en este caso que, al hablar de la voluntad Revolucionaria de un pueblo, (sin importar en qué ideología se halle inscrita) estaríamos ante un fenómeno que no se dejaría reducir por la simple racionalidad de un juicio valorativo, de que la revolución fue catastrófica en términos generales.

Referencias

1.- “Palabras Urgentes”, Primer manifiesto del movimiento “Hora Zero”. Obtenido de http://lacomunidad.elpais.com/horazero/2007/6/6/palabras-urgentes-primer-manifiesto-hora-zero-1970-

2.- Segunda declaración de la habana, discurso de Fidel Castro pronunciado en la Asamblea General el 4 de febrero de 1962. Obtenido de http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1962/esp/f040262e.html

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