Skip to content

la enajenación y uno

febrero 27, 2017
  1. En una biblioteca de ciencias pueden encontrarse unos volúmenes gigantes  titulados “Netscape Navigator 2.0” o bien “Netscape Communicator”. Abrirlos es una tontería que ya he hecho. También pueden encontrarse algunos de radiotécnica. Pero esos si que no los he abierto nunca. Y muchísimos más textos sobre tecnologías obsoletas que solo podrían tener un interés histórico, ya que las posibilidades de quedar  atrapado de por vida en una cueva con una copia de Netscape y ése libro vienen siendo muy pocas. Y cuál es el punto hablando sobre esto aquí? Pues que éste viene a ser un claro ejemplo del tipo de cuestiones y decisiones que suelen preocuparme en mi vida.
  2. La última táctica de guerra en esta guerra encolerizada que se ha establecido y que ha llegado para quedarse: ya no sabremos más nunca dónde está el enemigo, o no sabemos quién o qué es el enemigo.
  3. Si logro poner estos tres tipos distintos de invasión alienígena y articularlos en un solo relato, quizá tenga algo.
  4. Estuve desaparecido un tiempo. Pero no estaba desaparecido por más que mis papás se lo hayan tomado así. Quizá no exista una razón auténtica para que mi padre y mi madre me buscaran sin encontrarme. Me buscaban pero no me he extraviado, solo me he negado a aparecer. Estaba viviendo en un zoológico. (Sí se me entiende, que de hecho estuve viviendo en un zoológico). Pero éste ha sido un abandono por entero voluntario. En medio de mi abandono he conocido tigres y anacondas. Las anacondas, por cierto, son los únicos seres que me inspiran miedo verdadero. Viven metidas dentro del agua verdosa, en tanques con paredes transparentes. Como archiduques muertos. Y ¿a qué hay que temer de verdad? A nadie realmente. Desde que estoy viviendo en este sitio casi soy feliz, y éste es un sitio que llenaría de miedo a algunos bien valientes. Esta espesura extraña me hace feliz, es mi líquido amniótico conmovedor y mi ensordecimiento subacuático primordial y es nostalgia ingénita de la felicidad. Siento felicidad cada vez que avanzo entre una hierba que solo puede identificarse por el ruido al chocar contra mis botas. Soy feliz cuando a través de una ventana me asomo y la oscuridad se difumina por la luz lechosa que penetra por otra ventana, proveniente de algún reflector lejano. Quizá todos esos espejos polvorientos que diviso reflejando polvosas y dudosas luces, dentro de extraños cuartos abandonados, son una parte de algo extraordinariamente mío en realidad. Nunca he sentido tan poco miedo como ahora, y me cuesta explicarlo. Es como si las estrellas que brillan desde una ventana no estuvieran emplazadas sobre la oscuridad sino sobre un campo azul. Es como si el mundo no estuviera lleno de aire sino de viscosidad respirable.
  5. Esta es una nota de un mes posterior; me fui del zoológico y mi felicidad se terminó.
  6. Sueño. Junto con i. y c. me dirijo a una zona deshabitada de la ciudad con el propósito de buscar unos recortes de periódicos sobre las olimpíadas x, que eran unas olimpíadas que se habían celebrado en un pasado remoto. Un tipo parecido al pelón de los comerciales de open english nos contactaba y con él acordábamos una especie de transacción clandestina. Porque éste negocio de los recortes de periódicos era un negocio clandestino. Así que éste tipo sacaba de debajo de unas almohadas , en un sitio que era como una tienda por departamentos, algunos recortes amarillentos de periódicos deportivos y nos íbamos. Luego de eso sucedía que debíamos regresar a aquél sitio porque teníamos una gran necesidad de recortes viejos sobre las olimpíadas. Entonces regresábamos nuevamente unos días después y volvíamos a entrevistarnos con el tipo. Ahora la entrega se hacía en el estacionamiento del lugar y ésta vez el tipo nos entregaba un montón de pequeños recortes. Al salir de allí nos percatamos de que en la calle hay un gran tiroteo porque la zona estaba completamente al margen de la ley aunque era una zona muy lujosa (supongo que lo era precisamente por hallarse al margen de la ley) I. y C. sacan unas tremendas armas y empiezan a participar en el tiroteo. Se mueven como perros de guerra, asesinan agresores y van tomando posiciones. Yo me aparto y huyo en otra dirección. Me refugio de la balacera entrando a una casa desconocida. Dentro de ella se encuentran unos hippies que se supone son los habitantes de la casa, los cuales eran espantosos y flacos, mientras que la casa era como una especie de almacén y estaba toda llena de productos escasos de primera necesidad. Entonces me escondo durante mucho rato allí porque temo ser descubierto por los habitantes, algo en ellos me hace sentir un temor horrible. A hurtadillas los observo mientras se sientan en una mesa a comer pero no comen realmente, en vez de eso abren latas de conservas y todo tipo de víveres y los desechan en unas horribles bolsas de basura en las que se mezclan y se aglutinan desagradablemente los contenidos. Las bolsas a su vez se aglutinan entre ellas sin que nadie las bote. Al final parecen tener una especie de adicción a algo que les impide comer. El estado catatónico que les induce su sustancia adictiva les hace incapaces de percatarse de que me encuentro ahí. Después de mucho esperar finalmente llegan I y C. y acribillan a los hippies y yo suelto una maldición y les reprocho por haber tardado tanto. De inmediato empiezo a meter en mis bolsillos objetos valiosos y a percatarme, como nunca antes en ningún otro sueño, de la terrible frustración de no poder traer conmigo aquellas cosas a esta estúpida realidad.
  7. A veces cuando nos sentimos tristes, es porque un maracucho que tenemos por dentro está como loco moviendo todas las palancas al mismo tiempo. De que otra forma explicar la tendencia maracucha de enfermar de tristeza en las navidades. Han oído las gaitas? Han oído las cosas que  enuncian los sujetos líricos hablantes de las gaitas? Han contemplado en cadena nacional a “chavín” luego de su accidente cerebrovascular, cantando y produciendo una oleada de sollozos? Hay todo un mundo gaitero sumamente culto en estas cosas que desconocemos. Lo juzgo por éste programa que escucho ocasionalmente por la radio nacional en donde un locutor con una perfecta dicción relata anécdotas sobre Maracaibo y la gaita, y presenta una selección que nos da la impresión de ser unos ignorantes en el tema. También está Rech, que tiene sino demasiado, bastante de maracucho y que tiene más sensibilidad para la música que mucho artista piratón de facultad de universidad pública.
  8. Entrada vieja en diario: “Día veinte de octubre de dos mil quince. No hay clases en la ucv. No es importante. Hay tal cantidad de conflictos gremiales, presupuestarios y organizativos, que no tiene ningún caso referirlos. No se como es que estoy en la biblioteca de humanidades. Me dijeron que la iban a cerrar a la una de la tarde. La única puerta abierta de la facultad está semi cerrada y muy vigilada. Afuera de la universidad hay un gran caos suscitándose porque una marcha se ha salido de control como es habitual o como sea. No me importa demasiado. Ni siquiera mi propia situación individual me importa. He reflexionado poco sobre esta circunstancia. He reflexionado bien poco sobre muchas circunstancias. Al parecer mi situación es más angustiosa de lo que yo mismo puedo percatarme. O quizá no. Bueno el punto en éste sentido es que no he conseguido trabajo pero quizá el error sea mío por no saber bien cómo buscarlo. Debería estar trabajando porque no tengo ni un centavo y no hay seguridad de ningún tipo. Aún así sigo sin preocuparme demasiado. ¿Alguna vez he estado realmente cómodo o tranquilo a este respecto? Creo que nunca. Entonces no es que no me preocupe sino que estoy siempre preocupado. Como el chiste este de bruce banner en los avengers. Almorcé hoy un pedazo de torta, por poner un ejemplo.”
  9. Aún queda un poco de energía, pero sólo un poco nada más, para elegir algo como esto. Para escribir teniendo cuidado de no lamentarme. Una extraña oscuridad se proyecta, como la de unas nubes cargadas en un punto cardinal. Pero no son nubes sino que es esa la forma en la que se ve hoy la montaña. Los extraños aparatos que la ergonomía criolla ha hecho proliferar en calles y rincones retuercen mi espalda, torturan mi cuello y mis hombros. He estado caminando bajo éste cielo y éstas proyecciones y he entrado a un laboratorio en Chacao en el que me sacaron un montón de sangre. Varias botellas pequeñas. Me sentí debilitado. Caminé hasta los cortijos, comí un almuerzo que yo mismo preparé con un pollo y esos macarrones que son como cuentas o pequeños tubos y varios tipos de vegetales cocidos y cosa verde, y una sopa hecha con apio. Ahora estoy sentado en la soledad de una plaza que tiene muchos columpios de preescolar cerrado y bancos extrañamente cómodos. Son las 3:35. Pm.  Ojalá se me augurara lo que fuera. Pero uno puede augurarse algo positivo a sí mismo y eso es un descubrimiento, o más bien, todo devenir puede valorarse como positivo y ya. “todo estará bien” trae consigo un truco que no entiendo. Que uno puede hacerse el loco y declararlo todo bueno para no sufrir, pero eso es demasiado obvio. El tipo que me hizo los rayos x me advirtió sobre mi postura: “te meterán dos placas metálicas en la espalda y no podrás volver a amarrarte los zapatos”. Mientras lo dice asume una actitud sumamente aleccionadora y autoritaria. Está envestido por su propia experiencia y su gaje. Para corresponder con ello, procuro abrir redondos los ojos, bien grandes y hacerme el asustado, no vaya a pensar el pobre hombre que su día a día sí es en realidad una verdadera miseria.
  10. En fin, toda esta precariedad que he vivido en estas últimas semanas tiene algo que ver con mi mismo y mi irremediable búsqueda de una forma de vida en la que no haya que asumir responsabilidades de ningún tipo. Por supuesto no me ha ido nada bien.  Aunque no por eso no he dejado de conseguir así sea en pequeñas dosis mi objeto anhelado: a veces no he tenido ninguna obligación. Pero debo salir de este estado porque me hace daño. Es imposible contrarrestarlo o vivir con un pié en el vacío y otro en la expectativa positiva ajena.
  11. Cuando uno es un actor, más que representar a un personaje, lo que uno hace es representarse a  sí mismo mientras representa ese personaje. ¿Suena como una mierda no? Pero es eso o es a alguien que está representando un personaje, siendo ese alguien en cuestión alguno que no es uno mismo. Es decir: uno no va a representar a alguien que parece tener una psicología convincente de sí mismo. Si uno representa cabalmente al personaje quizá eso no nos representa a nosotros mismos como actores y entonces no seremos unos buenos actores. Y valdríamos quizá como personajes, si, pero no como interpretes. Y ahora en ésta época, lo importante es ser buenos actores más que buenos personajes. O bueno, dependiendo siempre del texto que uno esté representando. Si uno hace una película de Pasolini quizá si uno la acierte comportándose como un personaje. En cambio si uno es actor de una serie de televisión tipo “juego de tronos”, es más importante que uno sea un actorazo en vez de un buen personaje. Entonces uno debe sentarse a direccionar a ése personaje para ver su psicología, y luego esforzarse por pretender que uno encontró las claves de esa psicología y que luego las ejecuta con pericia. Eso es ser un “buen actor”.
  12. He visto por televisión si mal no recuerdo creo que en TLC un show sobre papás que bailan mientras sus hijos observan. ¿Por qué? Pero ¿por qué me parece algo tan vergonzoso bailar? ¿Qué será peor, que las niñas bailen o que tengan que ver a sus papás bailando? Supongo que después toda esta era será vista como un reinado de la ingenuidad, entonces en ver de producir vergüenza, produzca alguna clase de enternecimiento y esta niña lo verá de esta forma. Ojalá así sea. Y está mecánica de entrevistar brevemente a los padres antes de que bailen y que estos se refieran alas pequeñeces de su vida y del mismo concurso con esta familiaridad absolutamente falsa. Les deben estar pagando mucho. Ojalá que si, no soy religioso pero me da por rogarle mucho a dios  por esta gente. Seguro están mejor que yo. El que me conoce sabe que no soy enemigo de la danza. Porque he visto dvd’s del excelsior y muchas otras cosas piratas compradas a los buhoneros de esas que tienen una portada muy borrosa por haber sido impresa y reimpresa miles de veces en maquinas dañadas.
  13. Me he percatado de que esta persona en cuestión, llamémosla equis, a quién tengo bastante cariño, le cuesta demasiado encontrarse a sí mismo. Como que nunca ha tenido un yo. A pesar de que no es mi asunto porque debe ser un lio muy personal, pero quizá nunca ha podido ser algo bueno porque nunca he logrado arrancar a ser un hacedor. Entonces lo que termina haciendo lo hace de esa manera. Seguramente que si hay otras formas más honestas de ser. Cómo esa gente que está segura y como que se palpa a sí misma y se sabe irremediable.
  14. Creo que me he hecho demasiadas amigas. Más de lo que debería haber hecho. Es en serio. En algún momento me puse a despreciar a lo hombres y a creer que en las mujeres había más posibilidades de comprensión o qué se yo. Pero no creo que haya sido una buena experiencia. Y emocionalmente ahora soy un desastre. Me siento exactamente igual a cuando un perro me muerde, vulnerabilizado por algo a lo que tenía cariño. Aunque leo y toda esta descripción que hago parece bien chocante, no estoy generalizando a nadie, esto se trata por supuesto de unas mujeres bien específicas y en otras sigo confiando, en y. por supuesto. En s. en m. y en i. pero me siento un poco decepcionado. Por mi mismo por supuesto, por no estar a la altura. O por exigir demasiado. No entiendo demasiado bien estos sentimientos. Yo creo que hay una especie de sensibilidad en una mujer en la que uno tarde o temprano termina haciendo mella. O quizá solo sea reactividad que coincide con malas circunstancias. Pero, reactividad que va y que viene, ahora me siento muy decepcionado, porque tenía en muy alto concepto todo esto que estaba haciendo por acercarme a lo femenino en buenos términos. Pero lo femenino a lo que intento acercarme, ciertas veces me repudia. Y no creo que haya sido porque haya obrado mal, no, si lo pienso con cabeza fría, más bien se trata de que he sido, diríase intencionalmente mal interpretado (si es que algo así es posible). Un revés de ideales.
  15. Yo se que tu no te tomas de la misma manera que yo la nostalgia pero, recuerdas que la ultima vez que hablamos tocamos el tema de la librería x? aquella pequeña librería x. nos dijimos mutuamente que no habíamos vuelto a saber nada sobre aquél asunto. Que quizá pasaríamos por allí uno de estos días a constatar. Nuestra reacción fue de cierta indiferencia hacia aquello. Lo que yo te había dicho que ocurriría se había puesto en marcha apenas concluyó la primera parte de aquél terrible trabajo. Mis honorarios no fueron tan altos al final, de hecho no hubo honorarios de ningún tipo y fui estafado. (No era mi intención decírtelo) porque parece ser que los de la librería eran demasiado avispados quizá y decidieron desaparecer sin pagarme. O no es que eran demasiado avispados sino que en aquella oportunidad fui demasiado estúpido y nunca llamé para reclamarles. Y gracias a mis constantes perdidas y robos de teléfonos, no supe más nada. Igual estaban pasando bastante trabajo y no los juzgo como debería. Igual yo no cobraba honorarios profesionales y en éste país todos quieren algo. Recuerdo esta combinación de cosas que me sobresaltaron: tus mensajes racionales encallándose o despeñándose entre mi hipersensibilidad alérgica. Unos ojos llorosos detrás de un cristal, una voz suplicante y lenta. Ella estaba bajo una fuerte dosis de antidepresivos. Recuerdo como relató quizá maliciosamente, los grandes rasgos de su historia personal, recuerdo las reminiscencias innumerables de aquél sitio. Llegar pero no llegar. Llegar pero en lugar de llegar usar un teléfono público a pocas cuadras del sitio para hablar contigo. Tu partida y yo sin saber si era la partida definitiva. Por supuesto que me dolía escuchar que te ibas. No nos hablábamos desde hacía meses y yo ya me había desentendido de aquella sentimentalidad. Sufro del trauma del abandono y todo se ha traspasado o se ha trasformado y se ha convertido en un creciente dolor de abandono extrapolado a todo. Aquella coincidencia de circunstancias publicitarias entre la que me veía cuando estaba a punto de llegar al fatídico  centro comercial. Aquella coincidencia de circunstancias pueblerinas en las que me hallaba entre cada una de mis mudanzas juveniles-infantiles. La constante sensación de que se deja algo atrás siempre o de que algo me deja atrás, el primer amor repleto de significación y trauma resbaloso. No es culpa de nadie. Estuve llorando como por dos semanas seguidas. Estuve ahí porque tu lo necesitabas y por nada más. Por supuesto que me acuerdo de muchas cosas de ti pero no son las típicas cosas; ni son las cosas idealizables, es decir las cosas que me harían anhelarte y extrañarte o las partes puramente gratificantes de ti, las situaciones x o y que producirían nostalgia, ni tampoco son las necedades, lo negativo que uno escoge pensar para defenderse de una vulnerabilidad, no son los malentendidos. No es nada de eso, más bien te recuerdo en una opinión demasiado personal, en una expresividad que transmite una presencia. La presencia. Por ejemplo las opiniones que hacías de las cosas, (eliminando el estorbo de mis propias opiniones contrapuestas a las tuyas claro está) así se reconstruye a alguien y así se remueve simultáneamente a otro alguien. Unos meses después o no estoy seguro, caminaba como loco por allí buscando dónde comprar una tarjeta telefónica porque me habían vuelto a robar. Con cierto recelo me acerqué y constaté que un grupo de personas ponían avisos de vinilo en los cristales. Adentro todo había cambiado. Emplazaban cubículos, conversaban entre ellos. Una muchacha joven irónicamente parecida a ti, daba las instrucciones. Pensé que te gustaría es decir, que te habría gustado en todo caso, saber algo de eso. Ya ni siquiera se puede llegar al lugar haciendo el camino que solíamos hacer antes. Construyeron una nueva autopista y toda la fisonomía del sitio, de las calles adyacentes, ha cambiado. Si se cierran los ojos un instante todo cambiará y al día siguiente seremos otra cosa. Espero que estés bien. Quizá yo tampoco regrese más nunca a ese sitio, y ahora mismo, estoy en otro lugar completa y enteramente opuesto convertido en otra cosa completamente distinta a la que fui ése día en que fui a ver que había sido de la vieja librería y me cayó encima la gran realidad del cambió e imagine que yo era algo así como una especie de resistencia de un solo soldado. Conseguir gente especial en esta vida es una especie de condenación a lo “ranita de metán”. El mal de sí y la propia vulnerabilidad; tema de siempre.

  16. No sólo he abandonado casi totalmente el escribir, sino que no tengo idea de cómo reuniré voluntad para terminar todos esos cuentos que he empezado y que sólo toman el trabajo de escribirse, porque ya están planeados de principio a fin. La verdad es que ya no me interesa escribirlos. Sin embargo lo he tomado con gravedad, como un compromiso que no puedo eludir. El tiempo ha pasado. Es algo así como seis de diciembre de dos mil dieciséis, un año corto como una semana. Produje cebolla caramelizada, me la he ido comiendo en todos estos meses. La vida no es tan mala después de un desayuno de esta categoría, huevos y maíz tierno, pan, café de muy buen gusto cortesía de los productores locales, leche de vaca y fruta. Este bienestar tendencioso da paso a la recapitulación. Mediados de 2015; me marcho de casa de R. alejado, enemistado por imperdonables malentendidos. Termino viviendo posteriormente, arrimado, en casa de S. y F. en el paraíso, una aventura que me costará volver a repetir. Mucho “dumpster diving”, mucho tránsito por inútiles entidades del estado buscando trabajo.  Caminé incansablemente por la ciudad, llorando interminablemente por apelaciones a lo sentimental que utilizo involuntariamente contra mi mismo.  Asistí a la graduación de A. quien mientras tanto conseguía un nuevo trabajo en una agencia publicitaria en Chacao. Unos meses más allá, una breve estancia en casa de I. pero no en el cementerio sino en terrazas del Ávila, sitio del que es algo difícil entrar y salir. Quizá si investigo podría generar una cronología más exacta. Posteriormente hacia finales de dos mil quince,  marcho. a Barquisimeto primero, con mamá y después a san Felipe. En san Felipe me desenvuelvo capaz y circunstancialmente hasta finales (septiembre) de dos mil dieciséis, fecha en que decido partir hacia la granja “casa dinira” propiedad en conjunto de mi hermana y L. y acá permanezco en otra aventura esta vez de hazañas físicas y mentales. Me empleo como jornalero en el campo agrícola, oficio exigente del que he obtenido una condición física que nunca había aspirado tener (cien sacos de cincuenta kilos de cebollas al hombro todos los días, largas caminatas diarias montaña arriba) un aislamiento poderoso y más tiempo conmigo mismo del que nunca había pasado, convivencia con mi nuevo perro salchicha “Manchas” obsequio necesario para sobrevivir a la soledad. Lenguaje animal, arcos y flechas, dialecto campesino, conocimiento agrícola, aceptación social en una comunidad cerrada, entusiasmo por la construcción tradicional y la albañilería cierta tendencia romántica a la hora de  contemplar antiguas casas con aleros y patios internos y tapias. Cierta tendencia romántica de ver en lo autóctono de uno mismo y de su historia familiar de antiguos abastos poseídos por mi padre en los que crecí, en mi infancia encadenada a la imagen de mi madre y sus oficios domésticos y la radio a.m. con música lamentable que nunca ha dejado de escuchar, cierta sentimentalidad acrecentada de observarlos desenvolviéndose en sus edades avanzadas (setenta años). Para ellos la vida siempre ha sido la misma, papá trabajando como siempre en sus quehaceres comerciales, quizá con mayor empeño que nunca, quizá más irritable y medio loco que nunca, mamá sazonando ollas hirvientes en pulcras cocinas exactamente igual que siempre,  ambos están envejeciendo como bólidos y sin importarles casi nada. Y yo acá relatando sin sentir vergüenza una vida en un estilo así como el de los vagabundos del dharma pero infinitamente mas pobre.
  17. Debo describir qué cosas hago aquí ya que no encuentro ni siquiera la manera de explicarme a mí mismo cómo fue que vine a dar hasta aquí. Soy como el rey provisional de éste sitio, eso sí. Es una granja de unas dos hectáreas con una casa cómoda, con un ala a medio construir. Hace muchísimo frio y brisa porque es una montaña a dos mil metros. Vegetación de selva nublada, el sol por fin da contra uno a las nueve de la mañana por culpa de las montañas y se oculta como a las cuatro y media por la misma razón. Todo es verde por la grama y la vegetación exuberante. Hay insectos, algunos son un fastidio como esas pequeñas cositas voladoras que pican muy duro y estas orugas espantosas y erizadas de espinas y pelos urticantes que caen de todos lados. Hay muchas polillas mariposas y escarabajos inmensos. Hay mucha agua pero en verano hay poca. En este paisaje estoy yo. Siempre haciendo algunas pocas cosas, y nunca terminando las grandes cosas que debo terminar. Por ejemplo debo sustituir toda la cerca de la granja debo acondicionar la tierra para sembrarla debo. Como necesito sobrevivir de alguna manera es decir, necesito hacer intercambios comerciales y necesito dinero, trabajo en las plantaciones cercanas. El trabajo es demoledor. Sin embargo conseguí sobrevivir a las primeras semanas de adaptación espantable, y además con una buena calificación. La gente es anticuada y anacrónica social cultural y materialmente pero de alguna forma he sido muy aceptado en estas condiciones, quizá porque soy lo menos peor de entre todas las cosas que llegan hasta acá últimamente y además porque soy la única de esas cosas que ha aceptado quedarse a pesar de la terrible iniciación. Así que ostento ahora la reputación de buen trabajador. Alguien que venga de la ciudad, y que trabaje bien en el campo. Les asombra. también me asombra. Estoy seguro que si me desdoblara y me observara a mi mismo lo que vería me dejaría demasiado que desear.
  18. Suelo terminar todos los veinticuatros de diciembre redactando una especie de mensaje de mierda en el que explicito algo muy oportuno para mi mismo. El año pasado no se bien si lo redacté o no. Este año (2016) me limitaré a describir cómo fue mi día de navidad: me tuve que parar a las tres de la mañana para viajar a humocaro bajo, a el tocuyo y posteriormente a Barquisimeto. Y fue así: me dormí vestido, mi morral ya estaba armado, iba con poco peso. Tome mi lámpara de cabeza porque a esa hora no se veía nada, camine el kilómetro que me separa de la vía principal y esperé. No hay trasporte público, el autobús de este sector trabajó luego de que yo no lo necesité. Así que debía esperar una cola. A las cinco y media pasó una camioneta y me fui en el cajón, el frio era mucho y la vista del amanecer en aquellos abismos que ustedes no se alcanzan a imaginar, porque vivo en una zona muy montañosa e inaccesible, descoñetó mi espíritu o lo puso en un buen estado de alerta ante cualquier eventualidad. En humocaro agarre uno de esos autobuses antiguos y verdes que me llevo hasta Barquisimeto luego de una breve parada en el tocuyo. Ya en Barquisimeto me bajé en cualquier parte, pero más específicamente en esa esquina cerca del cementerio viejo en la que hay una tienda de cerámica (nací y crecí en Barquisimeto pero que me vaya a la mierda si sé llamar a las calles por sus nombres o números o si se dar una dirección específica) y comencé a caminar. Me dirigía hacia duaca, para estar con mi mamá que pasaría la navidad allí. No pensé en ir al terminal porque no me gustan los autobuses que salen de ahí hacia duaca. Quería tomar más bien el trasporte que sale desde el centro comercial arca. Así que caminé todo el centro. Suelo imaginar a alguien escandalizado por la distancia que camino, pero eso no es nada. puedo caminar muchísimo más por puro gusto o sin razón alguna bien sea en una ciudad cualquiera del país o a campo traviesa, sin importar abismos ni picos, porque dentro de mi mismo me creo una especie de trotamundos heroico de mierda. Ejemplos sobran, como la vez que camine desde la floresta hasta el obelisco y luego me regresé a la floresta. O como la vez que en día de la divina pastora camine  desde Cabudare hasta santa rosa, me regresé hasta Cabudare y luego volví hasta Barquisimeto. O como recientemente me iba caminando desde el paraíso, desde la plaza Madariaga hasta la ucv, veía clase y me devolvía de nuevo caminando todos los días, o como cuando me da por caminar desde hato arriba hasta barbacoas, o como cuando me quedo en la peña y llego caminando hasta hato arriba y esos dos últimos ejemplos no los entiende alguien que no sepa pero son mucho más jodidos que los anteriores. Pues atravesar el centro de Barquisimeto hasta el “arca” un veinticuatro es fastidioso por toda la gente que hay comprando cosas y este ambiente de mierda en que uno es tomado por un comprador, un ladrón o un vendedor de algo de cualquier manera. A las doce del mediodía ya estoy con mamá en duaca y sufro vértigo temporal y siento que ha sido una mañana de varios días o algo así. Por la noche llegó mi papá con unas botellas y algo tomamos, igual que siempre, sintiéndonos que más que padre e hijo éramos como dos completos extraños. Algunas personas me enviaron sms’s por motivo de las fiestas, Irena, por ejemplo. No puede quedarme hasta el treinta y uno. Me devolví a mi granja el día veintiocho. De cualquier  forma, toda este trajín de viaje, esta pueblerineidad en la que me he sumergido, la vivencia de esté tipo de vida (si suena como la mierda), que ahora estoy viviendo, en la que estoy sumergido ahora, hace que se me agote la perspectiva tonta de creer que la fecha de por si da para significar algo. La convención masiva metropolitana que me arrastraba antes hacia la expectativa y la ilusión, falsa por cierto, de que algo estaba sucediendo, si no allí, en cualquier parte, como nos lo quieren hacer notar los medios con sus precarias festividades y programaciones especiales, y las instituciones de la amistad con sus expectativas emocionales o amorosas, ya no tuvieron lugar en mi este año. Entonces todo este prejuicio trascendentalista de creer que uno debe hacer una reflexión por ser veinticuatro de diciembre o porque es una tradición de mi mismo, se fue al carajo. Es un día igual que cualquier otro y nada de esto importa y sí, esa es mi reflexión de navidad de este año, que este año no hay ninguna reflexión.
  19. Alguna vez has sentido, I, que uno es una gran cosa provechosa para otro y que uno no está sino a la larga desperdiciándose en toda esta actitud de permanecer fiel, a sí mismo, presente, para si mismo y etcétera? Hoy es primero de enero. Me dedico a hacerte algo así como una lista de reproducción noventosa. Ya van dos veces que me agarra el primero de enero aquí, alimentando una entrada a este blog. Y esto de la gran cosa provechosa, me refiero a que hoy ha sido un buen día también en términos de mí mismo. Quizá es esta música que lo deja a uno con todas estas conmociones medio engañosas. Hace muchísimo frío, te conté lo de las pulgas del perro y de los vecinos que se han dedicado a darle mucha comida, tuvimos esa conversación sobre los estómagos de los perros que al parecer pueden girar sobre sí mismos y estrangularse en sus extremos como los gurrufíos provocando la muerte, pues la tarde envejeció rápido. sobrevino la noche con una luna perfecta como una sonrisa de gato y un cielo de un color que no era negro porque la zona eclipsada de la luna se definía claramente contra ese otro color. Me hallé a mi mismo atravesando todo eso con mi lámpara en la cabeza, la misma de la foto famosa con mi difunto perro salchicha antecesor de éste perro salchicha, me hallé a mi mismo atravesando la noche con toda esta conmoción mentirosa pero también real de música en los audífonos y hacía muchísimo frío como te estoy comentando y me sentí más vivo que nunca, no cargaba ninguna chaqueta ni abrigo ni un carajo pero la música mentirosa ésta me hacía sentir que podía atravesar el bosque entero provisto sólo de ella. Me invadía una alegría sin historia. Y de nuevo la sensación ésta de que algo se pierde, la sensación de ser grande y no tener con quien compartir esa grandeza. No soy imbécil, se que no hay tal grandeza. Pero ahí está esa emoción de todas maneras. El payaso que vive dentro de mi me susurra un poco esa cita de patricia highsmith que no recuerdo exactamente algo como que es difícil vivir sin hacerle un apropiado teatro a otro, al otro para el que todo esto es especial o ideal o significativo. En este caso adolezco mucho de todo esto. Pero es esta tonta emoción. Nada de eso es real, me contradigo y cuando por ejemplo los italianos me invitaron a pasar el treinta y uno de diciembre con ellos en su casa, les dije que si pero por dentro me decía que no. No iría porque es prácticamente una familia desconocida y me avergüenza estar ahí de advenedizo por más bien que les haya caído y porque es mi primer treinta y uno de diciembre en la más absoluta soledad. Es un gusto estar así. En el fondo lo único que disfruto de esas convenciones es la comida de los usuales banquetes, la comunión con algunos amigos (Elvin, mi hermana) si el alcohol propicia esta comunión lo disfruto también pero no coincide nunca nada de eso. El alcohol no es más que un ingrediente chistoso que uno se agrega para hacer mejor el ridículo frente a algunos escogidos. Y estos escogidos no siempre están. Casi nunca, o han estado pocas veces y algunos desaparecerán progresivamente hasta que no existan.
  20. Sueño entonces que voy caminando por una ciudad muy parecida a caracas. Camino por las calles como un zombi aletargado de narcóticos, en un estado de completa autoconmiseración, llorando tendidamente bien sea por mi mismo o por la belleza inasible-estúpida que trae consigo la suntuosidad del existir o por un combinación de motivos. Más que caminar, me tambaleo o doy pasos entrecortados mientras me sorbo los mocos, como en una de danza acompasada, y con la mirada neutralizada en un punto miope. Escucho voces y veo que se me convoca por mi nombre hacia una especie de local de centro comercial que tiene algo de peluquería porque hay muchas mujeres en él y el ajetreo que hay es semejante al que tienen las peluquerías. Pero realmente las mujeres allí se encuentran cantando karaoke y alguien desde dentro me hace señales para que entre en el local, es algo así como una actriz o modelo muy popular que reconozco, es muy bella y se dirige hacia mi con mucha familiaridad, haciéndome ver que me conoce desde antes. Yo dudo pero entro y accedo luego de muchas propuestas a cantar una canción y todas estas muchachas ríen y están muy felices como en una publicidad. De pronto afuera empiezan a aparecer malandros que corren y cargan consigo objetos diversos como en un gran saqueo o un robo colectivo. Algunos de estos malandros se detienen y golpean los vidrios con sus armas y blanden cuchillos y fajos de billetes, en señal de que hay que acceder a ser robados. Las chicas de inmediato asumen un carácter sumamente grave y serio y ocupado, arrastran sillas, apagan luces y mueven objetos de sitio y con ello en unos segundos todo queda cerrado y vacío y súbitamente también el sitio mismo se trasforma y las paredes y el centro comercial  y el local mismo se esfuman y quedo sentado en una esquina de una calle absolutamente pueblerina, bajo un árbol de mamón. Me levanto entonces de allí y camino un poco más hasta llegar a un calle cercana en la que hay una panadería grande. Siento que tengo hambre pero no tengo el dinero suficiente para comprar sándwiches allí, solo tengo mil bolívares. Sin embargo alguien me hace notar que si busco bien puedo comer algo con eso. Entonces reviso los anaqueles en los que hay  muchas viandas preempacadas, comidas de todo tipo valor y características. Apenas encuentro algo de buen precio, se me presenta otra opción que me hace dudar. De esta forma entro en una espiral de indecisión. En esto golpeo con torpeza unas botellas que se rompen contra el piso. El encargado más cercano es muy parecido al muchacho de la película “la vida de pi”, me observa con total indiferencia. Se levanta sin decir nada para buscar una escoba y enseres para limpiar. Yo lo intercepto y le propongo encargarme de esa limpieza, ya que es lo mínimo que podría hacer en vista de no tener el dinero para pagar lo que rompí. Me dice con toda frialdad que con limpiar aquel desastre, será suficiente. Así que lo limpio y me marcho pero una vez en la calle me doy cuenta de que no compré nada.  Sigo con el dinero en el bolsillo y mucha hambre. Continúo caminando y al rato me percato de que soy una especie de keanu reeves. Invulnerable a algo que no sé que sea y muy vestido de negro. La prueba de ello es vuelo, desaparezco y realizo otros trucos de ese estilo. Además, la realidad va tomando parecido a un videojuego. Con texturas, efectos visuales reconocibles de videojuego y una especie de ruta trazada que debo completar. Debo sortear obstáculos, adivinar azarosos itinerarios de autobús, y atravesar una gigantesca gruta muy particular que se encuentra en la montaña más alta de la ciudad, a lo largo de cuya apertura se han emplazado carteles tan gigantescos que pueden leerse a simple vista desde los puntos más alejados. Estos carteles traen mensajes como “PELIGRO” , “SÓLO ESPELÓLOGOS PROFESIONALES”, y el más elevado y grande todos “GUARIDA DE ESTAFADORES”. Esta gruta me inspira un respeto temeroso por la longitud de su apertura de varios cientos de metros, lo inaccesible de su ubicación y su alarmante semejanza con una diabólica expresión. Me hace temer pero entonces recuerdo que ya no me encuentro en mi estado vulnerable de antes, o que si lo estoy, pero ya no importa porque además me hallo en modo keanu reeves. Así que me pongo en marcha hacia ella. La gruta lleva hacia las profundidades del país, y por dentro no consiste más que en colosales catedrales de piedra donde reina la absoluta oscuridad.  Eventualmente la cueva tiene una salida hacia el fondo del mar. En las profundidades del golfo me encuentro con un monumental aparato parecido a un rayo mortal de tesla que periódicamente dispara un fino haz hacia un sistema de espejos dispuesto de manera creciente en altura y en distancia cuya función es proyectar dicho haz hacia un punto indefinido. No acierto a hacer nada con todo eso así que después de meditarlo un rato deduzco que debo dejarme disparar por el dispositivo y eso hago. El rayo me trasporta con él agregándome a su masa y desplazándome vertiginosamente por los espejos conjuntamente con muchos otros individuos, en algo así como una especie de túnel de velocidad de Sonic repleto de almas en pena. Voy cobrando conciencia en calle urbana o semiurbana y antigua en la que me espera el diablo o satán, pero femenino e hipersexualizado tal como en estética de videojuegos y la lucha contra ella consiste en defenderme de un acorralamiento de reproches y remilgos de pareja más o menos implacables. Al parecer soy derrotado y enviado a un menú de inicio que me ofrece varios cadillacs convertibles como vehículos. Algunos son de acero reforzado y otros son de piedra, más pesados y más difíciles de destruir.
  21. Lo malo de que los televisores ya no sean cúbicos es que no se les puede poner mantelitos de crochet encima.
  22. Cada vez que recibimos una llamada equivocada es porque el azar nos convenía para ganar la lotería y no la compramos.
  23. Corcovado de  tom jobin en un atardecer metalizado con viento bastante frio. Como cuando uno está en la laguna de mucubají de noche comete el error de comprarse un té helado. Y cómo es de fuerte el viento!. de pronto lo siento: estoy por mi cuenta, solo, de verdad, ahora si definitivamente solo. Como si este fuera el momento preciso en que me percato de ello con convicción, o que a mi cerebro le entra por aceptarlo. Pero no es por esta soledad, sino que es como si ahora de verdad no me quedara nadie. Ni una mano o un hombro. He sentido esto antes. Cuando salí de mi casa con diecisiete años a vivir en Mérida aventurándome y sin tener nada más que un triste cupo para estudiar letras. Ni una sola persona. Nadie. Hubiera querido acercarme a alguien que pudiera entregar un consuelo o  paliativo a la creciente frialdad. Los años turbulentos e inseguros de la adolescencia. Salí de un enclaustramiento, de un padre tiránico y una madre dulce e ingenua. Hubiese querido poder tener a alguien en aquella época, que me echara una mano. Me entristece (ahora) repasar que no hubo nadie. Me tuve que regresar a casa de mamá. Luego me volví a mudar solo. Vino el primer amor insuperable y su fracaso que me dejó persiguiendo algo medianamente específico durante algunos años. La aceptación quizá, la legitimidad que no obtuve ante ella y que debía obtenerse ante algún otro alguien o cosa. Luego me dediqué a retroalimentarme, viajé a muchos lados, hice amigos y la vida fue algo aceptable. Una especie de guión con una verosimilitud de acciones regular. Hasta este día de hoy en que siento que volví de nuevo al punto de partida y que ahora estoy de nuevo por mi mismo. Ya no hay amigos o relaciones milagrosamente provechosas o enriquecedoras. Reconstruyendo unas viejas certezas y convicciones que pesan y se sopesaban como algo poderoso. Una voluntad más o menos poética a través de emociones viejas. Unas nostalgias, lirismos y soledades. La historia personal intransferible que igual no puede importar a nadie más que al sí mismo.
Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: