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La dictadura los fantasmas el reflejo un apuro interno

mayo 2, 2017
    1. A veces se encuentran dirigidos a personas particulares los textos de éste blog. Quizá se pueda hacer una lista de ellos. Pero esas personas nunca entrarán a leer lo que les quiero decir. Sólo yo creo esto de que en realidad tengo algo que decirles. Solo yo creo esto de que hay algo especial en escribirlo acá. Se me ocurre que sería bueno empezar de lleno, una vez más a escribirles, y es una mala idea. Porque referirse directamente a alguien, hacer como si uno se estuviera insertando en el espacio del otro o como si se expusiera un pedazo íntimo de los demás, aparentemente es violar la individualidad ajena. Vivimos en la era de la democracia, de un espíritu que construye algo llamado libertad. Esto también quiere decir que nuestras relaciones se rigen por esos principios. Nuestras relaciones se rigen por los principios del respeto a la propiedad privada. Lo que no quiere decir que considero que debo dejar de escribir sobre mí o sobre quién quiera, porque poseo la soberanía de anular esas leyes en mi propio territorio. Y para acabar con la metáfora de relaciones interiores o exteriores, habrá que ver como se desenvuelve la diplomacia en ese sentido y después tomaremos una decisión.
    2. Ojalá existieran los fantasmas. Podría llegar al acuerdo de que me dieran un masaje de vez en cuando. No serían tan inútiles las ocasiones en que me echo de espaldas sobre la cama presa de la ansiedad, el aburrimiento o la impotencia.
    3. C. y B. vinieron a visitarme, coincidieron con mi familia. Lo primero que hago es pensar si alguno de ellos sospechará la magnitud de esta soledad. Seguro que tienen una idea de eso. Los obligo por mensajes de texto a tomar bastante tarde el camino que les trae hasta acá, luego nadie los trae y cuando salgo a buscarlos nadie puede llevarme. La camioneta de burro viejo esta espichada, el otro señor no vuelve sino hasta el otro día, y así. Me quedo preocupado toda la noche porque están al cruel descampado y no tienen donde quedarse sencillamente porque no hay donde. Pero me escriben que están bien. Aunque luego C. me explica que B. que es demasiado guapo, estuvo a punto de ser violado por una bandada de maricones rurales. No es culpa de ellos, creo que es mi culpa pero luego pienso que el camino hasta acá es salvaje de todas maneras. Llegan al medio día del día siguiente, les meto en una carpa y duermen mucho. Nos salen al encuentro las diferencias entre el ritmo de vida de la ciudad y el del campo. C. centra mi atención. Nos emborrachamos y ambos se enferman y yo también me enfermo. Mi familia y su circo itinerante también se marchan y me vuelvo a preguntar si alguno tendrá alguna idea del funcionamiento de esta soledad.
    4. Creí que odiaba los blockbusters para muchacha cursi. en vista de que huyo ante ellos o soy incapaz de permanecer frente a la pantalla mientras se desarrollan sus historias, me hieren las insustentabilidades, los obvios defectos de las tramas y la ausencia total de realismo. ahora dudo porque he adquirido el gusto de apegarme a la música de esas películas. Las adelanto y escucho las pistas también de pacotilla que ponen siempre en los créditos. A diferencia de las historias, siento que con esa música pop cursi si se puede hacer un pacto.
    5. Súbitamente estoy cansado de nuevo. Todo esto es como someterse a una metamorfosis constante en la que cada cierto tiempo, lapsos de meses, tuviera que salir de un capullo o caparazón y reinventar todo desde el principio. Reinventar las mentiras y promesas que hago para levantarme de la cama y soportar la arbitrariedad de las relaciones sociales y el tedio. Ni siquiera la amistad se salva, en vista de que a veces queda reducida a ofrecer algo para que den otro algo a cambio y luego enajenarse. La amistad no se salva y es cruel. En la amistad hay expectativas ilusas de que llegue algún día en que sea una tabla de salvación cuando sobrevenga la debacle. Pero la debacle llego, la metáfora de que la muerte era una inundación o un naufragio resulto inadecuada por supuesto, más bien la debacle resultó ser un oscurecimiento inevitable y progresivo. Han llegado como ciclos u oleadas de desagregación, no se puede describir de otra forma, como olas sucesivas que han ido despojando más cada vez. Primero sin novia, luego sin compañía de ninguna especie. Luego sin contacto con la familia, luego sin objetos, sin libros, sin teléfono, sin nada. Quizá pronto se vayan las palabras también. Y será un alivio para algunos. Alguna vez creí un poco en esto, en simplificar y llegar a una especie de versión mínima y eficaz de la vida. Pero son tonterías en todos los niveles. Y también escribir aquí a veces me hace sentir estúpido.
    6. Inevitablemente la difícil tarea de verse a si mismo, reflejo invisibilizado por una niebla y obstáculos inamovibles. Cuando la certeza ha llegado, se calcula el individuo a través de ello. Queda de lado la intención de parecer lo que se quiere parecer, las pretensiones se ajustan a lo que uno es realmente. Si por ejemplo se quiere ser alguien serio con cara de tabla y en realidad lo que uno parece es una comedia ambulante, se dispone más a favor de la comedia, dejando todo lo que uno quiere ser o debe para ser simulado privadamente ante sí. Dicho esto comunicaré a modo de confesión forzada y también como apoyo a esta idea: se sabe que escribo para un “todos” conformado por dos o tres personas, que de todas maneras es un colectivo, sin importar su número, y también escribo para mi mismo en una libreta que solo yo leo, cosas lamentables y ridículas, que solo yo me creo. Al parecer no vale la pena de ninguna manera que alguien aparte de mí las crea, pero es imposible saberlo realmente.
    7. Una madrugada en medio de la peor de las alergias. una tos que no se acaba nunca en su reflejo o espasmo muscular que quiere echar afuera algo que es aire o algo que está y es pequeño y molesta y pica, allí dentro del tubo ése que tenemos por dentro que sirve para respirar. en medio de una gran fiebre se me va ocurriendo un poema súbitamente. Me levanto como puedo, lo tengo agarrado en su totalidad, las tres o cuatro oraciones que lo componen, me lo repito no demasiado rápido, veo que tampoco estoy distraído y que si lo consigo puedo. Llego hasta esta laptop y lo escribo. Y está listo y suena bien pero claro que no tiene final. Es sólo un pedazo de algo que está inconcluso. Entonces en el minuto siguiente ocurre el milagro de que improviso algo, y todas las coincidencias positivas se juntan, ya no solo es un buen pedazo sino otro pedazo más otro buen pedazo. Pero sigue sin concluir. entonces un verso más y se acaba. Es bueno. Cae en un titulo que ya estaba esperando tener poema desde hace años. Desde hace como nueve años. Esto es exactamente igual a ser un apostador y pegarla tres veces consecutivas y luego retirarse a tiempo. Escribir poesía esperando que llegue sola es darle a un tragamonedas incesantemente hasta que por pura posibilidad, la totalidad se consiga. a ése paso el poemario se va a terminar dentro de mil años. Por esto debe ser que todos se dedican a buscarle atajos a la cosa.
    8. Como si fuese natural, un mes entero levantándome todos los días a las tres de la mañana.
    9. Ojalá existieran los fantasmas para poder tener alguien con quien hablar.
    10. Bigotes es un tipo bajito y muy delgado, con una gran cabeza y orejas inmensas y un tono de voz similar al que tienen algunos pájaros, como un silbido. Y unos grandes bigotes. Lo encuentro abonando y nivelando camas de hortalizas de ciclo corto. Éste tipo es hasta ahora el único amigo que he hecho aquí. Debe ser unos cinco años mayor que yo, porque se ve un poco más maduro. Su esposa es mucho mayor que él y ambos tienen una niña que tiene como quince años y que está locamente enamorada de mí. lo conocí el año pasado mientras desmontábamos camiones de abono y preparábamos una plantación grande de cebollas. Yo hablaba poco, no conocía a nadie y me veía en esa embarazosa posición del recién llegado sucio mirador del piso del que nadie sabe nada. Y también tenía un montón de prejuicios sobre los lugareños que me impedían entablar amistad. Bigotes se apresuró a romper todo aquél hielo presentándose y dejando entrever que básicamente éramos dos tipos de la misma calaña. Coincidimos en un montón de cosas. Pero el tiene muchísimo más tiempo, décadas, en esto de caer en la vida campestre y conformarse con ella. Tiene una colección de pistolas y escopetas que es la envidia de todos, tiene una biblioteca. Muy similar a la que yo he intentado conformar y de la que me he tenido que deshacer en varias oportunidades. Escucha música clásica y sabe de todo y también de lo que le hablo. Así que éste es un tipo verdaderamente especial para mí. Planeamos emborracharnos y terminar como siempre, con el hablándome de sus experiencias en mi propio lenguaje y dándome consejos y ánimo sobre mi vida y las posibilidades que tengo no solo de lograr mi primera cosecha sino de muchas más, de ambiciosos y fantásticos planes para el futuro. Luego me dice que consiguió comprar tierras en Yaracuy y que está pensando irse de acá.
    11. Oscilo lamentablemente durante el día con relación a mis disposiciones hacia los demás (¿se entiende algo?) por ejemplo éste día de hoy en que me levanto temprano y hago todo apuradamente, el desayuno, un café muy amargo y salgo pensando en mi propia torpeza porque de todas formas voy tarde. ya en a escuela me percato de que todo está sumamente normal, el mismo viento helado de siempre, los niños formándose para cantar el himno, no hay por alguna huella de mi urgencia, es como si hubiese llegado a la hora correcta. entonces veo que es la hora correcta. también comienzo también a darme cuenta de todos los asuntos pendientes que tengo para éste día y que no recordé en ningún momento del día anterior. sufro. A lo lejos veo al director que viene en mi dirección para hablarme e irremediablemente pienso en las estadísticas que no le he entregado, y repienso y recuerdo que ya las elaboré pero que no encuentro por ninguna parte las planillas que me pasó para que llenara y le entregara. Entonces estoy en eso durante todo el lento trayecto en que discurre hacia mí. Cuando llega me saluda y me habla de otras cosas y apenas veo sus ojos detrás de la densa capa de gorros y bufandas y otros textiles que acá usamos para protegernos del frio a esta hora y por lo que me dice, hace y la forma en que actúa en los pocos segundos en que me habla, interpreto que el asunto también se la ha olvidado a él. lejos de sentirme aliviado de alguna manera por ello, me parece indignante su propia ineficiencia. No relaciono su olvido con una especie de olvido universal o de torpeza que nos arropa a todos, sino que la vuelvo subjetiva. Es su culpa únicamente. Cómo es posible, pienso. Y todo el día es lo mismo. Pienso en mi propia ineficiencia otra vez durante las clases, cuando veo que los libros tienen contenidos más nutridos que los que alcanzo a dar. Me propongo inventar estrategias y planes para avanzar y hacer que estos niños aprendan, entonces fallo, entonces cuando los otros profesores me hablan de sus propias dificultades no puedo evitar juzgarlos un poco y pensar que podrían esforzarse más. Menos mal que esto no es lo que proyecto. la soberbia mental se queda dentro de mi nada más y nadie la escucha o la observa. No tengo la menor idea de como es que soy capaz de sobrellevar cualquier responsabilidad, ni tampoco como es que ocurre esto de que alguien o algo confié alguna responsabilidad en mi, alguien por dentro dice que es una especie de error que siempre va a suceder, soy obvio para mi mismo y en esa misma medida debería serlo para los demás, que digan sólo al verme “miren a juan, es un pusilánime infantil incapaz de la tarea más básica y es obvio que no debemos tratarlo jamás ni darle ningún empleo de persona racional” pero no pasa nunca.
    12. No corresponde comportarse apresuradamente en éste lugar. Pero indiferente a ello hay ocasiones en que un gran apuro interno sobreviene. Un algo sin forma ni propósito. Casi siempre se trata de una prisa que no es propia. Un furor por agarrar algo y moverlo, y es un furor que no sirve para nada. la desesperación que algo aparte de mí dice que debo tener, pero que no me explica nunca para qué debe ser, ni cómo debe funcionar. la parte de la vida que no puede tener demora, la que nos habla de movimiento. la que sin querer llega a nosotros de cualquier forma. Más, siempre a partir de una especie de compromiso. Como en la escuela cuando advierto a los niños que tarde o temprano empezarán a tener alguna responsabilidad y que deben empezar a ser consecuentes con ella. Algo que en algún momento otro adulto preocupado por lo cotidiano me hizo saber a mí a la vez, y es esa situación de saber entonces que ese ritmo de carrera hacia algún lado que debemos llevar, nos trascendió. Nos pasó por encima y puede hacer lo que sea con nosotros si es lo indicado. Un poco de eso es. Sin embargo empecé diciendo que éste no era el tipo de lugar en el que debíamos actuar así. En el campo muchas cosas de la ciudad pierden el sentido. Por ejemplo todo esto que está sucediendo en las ciudades, el panorama de protestas e inestabilidad del que no hemos salido en años. Más acá los días se suceden con una calma sobrecogedora. En la ciudad por ejemplo la simple observación de un evento fuera de lo común nos pone en alerta, si ello viene acompañado de rumores, comportamientos colectivos y todo tipo de eventualidades, no existe forma de negar que en realidad esté sucediendo algo. el ánimo se prepara y se deja moldear por todo eso. Se queda una marca en algún sitio sensible, la huella de que algo pasó, así esto haya sido solo una falsa alarma, o así una paranoia oculta se esté desencadenando en algún nivel, que estos aconteceres sean legítimos o no da lo mismo, lo que importa es la certidumbre de que algo sucede y lo que esta ocasiona. Y acá en el campo, cuando todos los días trascurren con la misma calma, indiferentes al bienestar o a la decadencia de la ciudad, va creándose una idea ante esto: que todo acontecer es medianamente falso. Una oposición bastante tonta. Se sabe que no es falso lo que sucede. No es un teatro. Pero como que soy el tipo de persona que se aferra a lo que la vida ha dejado en sí como lo verdadero y lo esgrime como invariable, y me niego en el fondo a deformar esa idea de lo que es la realidad. ¿Debería ser al contrario? Es probable. O no, ya que por cada cabezadura como yo debe existir otro equivalente del bando contrario. Alguno que esté convencido de que, cualesquiera sean las experiencias de vida, algo en el fondo nos iguala y nos pone en la misma condición. El campo es el reino de la paciencia, un mundo donde es demasiado difícil perder el tiempo. Es como si la vida moderna dependiera de una estructura no renovable o de motores que poco a poco gastan su combustible, de que todo se gasta invariablemente. entonces el tiempo de marcha se vuelve valioso y debemos actuar. Acá no hay nada de eso, sino que más bien los cultivos nos obligan a tirar los cronómetros y pensar en meses en lugar de días, en días en lugar de horas.

     

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